AQUÍ ME QUEDO PARA SIEMPRE; EN ESTA BOMBA BIOLÓGICA QUE SOY Y QUE TODOS TEMEN

Breve comentario del poemario Trópico Mío, de Mara Rita Villaorrel Oñate *

Por devenori

Una voz lírica me seduce mientras leo Trópico Mío (Mago Editores, 2015).** Me invita a ser parte del  permanente y poderoso nacimiento de sí misma, de su universo híbrido. Una voz donde me recuerda lo vulnerable, azarosa y cambiante que es la existencia misma.

Me rebelo tocando mi cuerpo
siento una gran pena por mí
yo no soy quien yo soy
buscándome otra me encuentro

Los poemas que contiene Trópico Mío me revelan, con su juego de lenguaje y sus estrofas pequeñas -como los momentos cotidianos que une misme vive-, la construcción y destrucción  de un universo hibrido, inestable, frágil, efímero y potente, donde la actitud contemplativa y el auto-reconocimiento son claves para desarticular y articular la subjetividad que posee la voz lirica del poemario. Voz que, en su búsqueda por la autenticidad, desobedece las leyes cósmicas del sistema sexo-genérico establecido que conoce la creadora de este yo –plural- lírico. Sistema que en las sociedades occidentales y occidentalizadas se caracteriza por la heterosexualidad como régimen socio-cultural y que, la autora, a través de la voz poética, intenta tajear con un lenguaje poético, transparente y filoso. Como dice Val Flores: saltó con su lengua afilada a trozar el mundo que le había sido asignado.

XII
a mí se me perdió una joya muy querida
una joya muy valiosa a mí se me cayó
a mí me robaron todo lo que yo tenía

XIII
Siento que alguien está de tras de mí
Siento algo que me está tocando
Siento algo que no me deja salir

XIV
Es mi madre la que está detrás de mí
Soy madre de mi madre
Difícil es parir a mi madre que me pare a mí

XVI
Algunas de mis madres tienen el rostro de mi padre
En mi cuerpo llevo mi padre
En mi cuerpo llevo todo ese peso

Sabe que para encontrarse a ella misma tiene que aceptar a todas las voces que la habitan, a todas las subjetividades deformes que se reflejan en su prisma. Por eso las convoca con  las palabras y las plasmas en el papel: Somos reflejos distorsionados  por el prisma único / Mi joya es el prisma único que nos separa. Una distancia donde se puede reconocer tanto como otra y símil a ellxs, y que conlleva a un permanente proceso de mutación: la piedra cae y rueda torpemente / la piedra se rompe y es polvo / de entre mis piernas cae un huevo

Es una voz que se reconoce como un entre-nos, un yo madre de mí de mi hermana de mi hija de madre, pero que sabe que por efecto del orden establecido se tiene que reconocer  primero como sexo, como un sexo, sus sexos. Por primera vez fijo mi mirada en mis sexos / Me toco y hurgueteo frente al espejo.  Y de ahí se sabe espora: Muchas larvas salen de mi huevo que salió de mi sexo/ Una larva come a la otra quedando solo una / la ultima larva crece rápido y me jura amor. Un amor que la lleva al eterno retorno de su génesis; un eterno renacer bajo su danza espiral: una prometea de su subjetividad plural e inestable pero predispuesta a ofender, a ser.

LXXI
Yo toda  innegable
Yo toda soy verdad
Yo toda soy líquido

LXXX
Veo a otro no un otro yo
Veo a otro sí un otro otro
Atravieso  el tajo para habitar  este mundo

XCIV
Lo único que tengo es voluntad
Valentía  de ofender por existir
Ya no vengo solo a cantar  sino a bailar también 

Al final se percibe con un cuerpo, una voz y con una autenticidad que la lleva a no temer vivir en este mundo: moviéndome copio todo lo que hacen y dicen/ todos son inspiración perfecta / agito mi cuerpo al ritmo de todos / al moverme  y al agitarme me expando /  habito todo así bailando/ soy la tremenda bomba biológica  que todos temen.  

Tan segura en su danza provocativa que se convierte en virus; un virus que invade al temor, que es simplemente temor por desear esa joya silvestre: de ser quien une quiere ser. Y por eso así concluye sentenciando la última estrofa: Ya sé por qué me temen/ Nunca entendí por qué tiene que ser así/ Pero aquí me quedo para siempre.

Tunuyán, 2020.

BIBLIOGRAFÍA

Flores, Val. Deslenguada: desbordes de una proletaria del lenguaje. Neuquén: Ediciones Ají de pollo, 2010.

Han, Byung-Chul. La agonía del Eros. Barcelona: Herder, 2014.

Preciado, Paul  B. Un apartamento en Urano: Crónicas del cruce. Barcelona: Anagrama, 2019.

Wittig, Monique. El pensamiento heterosexual  y otros ensayos.

* Mara Rita Villaorrel Oñate (Santiago, 10 de abril de 1991, 19 de abril de 2016) fue una escritora, profesora y activista LGTB chilena. Mara Rita publicó el 2015 su poemario Trópico mío en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, su alma mater y espacio de exploración durante su proceso de transición. Sobre libro comentó: doy luces de una hablante lírico transgénero, pero traté de no centrarme sólo en eso, sino en muchos aspectos que nos complican a todos en nuestros procesos de formación de identidad. El libro es una experiencia de formación que no es sólo mía.

Estuvo involucrada en la creación y gestión del Preu Trans de la U. de Chile, un preuniversitario popular para acoger estudiantes LGBT y prepararlos para rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Además de trabajar como profesora de Castellano, se dedicó a compartir su conocimiento y experiencia como mujer trans feminista.

También contribuyó en la visibilización de las vivencias trans en Chile, como la discriminación, el acceso a la salud pública, el rechazo de las instituciones laborales y otros factores que limitan el tránsito de las personas trans en este país.

Su experiencia fue reflejada en un capítulo del programa de Televisión Nacional de Chile, Qué pasó con mi curso,  y en el documental En Tránsito.

**https://es.slideshare.net/Piratalibros/trpico-mo-mara-rita

Putito forever

Por devenori

Ésta es mi contribución a la caligrafía

de la circuncisión

Gastón Ortiz Bandes

Hace como dos años me topé con El Guanaco[1], el libro de Gastón Ortiz Bandes (Mendoza, 1977). Recuerdo que un cumpa me lo regaló en el bondi en el trascurso de Ciudad a Tupungato. Leí Chacha Warmi en voz alta, de puto y modismos corporales de una marica exótica, cosida por sí misma y pasada de copas, en presencia de todes les pasajeres. Obviamente hubo voces intentando exorcizar a la demonia que poseía mi cuerpa, y que leía con bravura: Estoy melanculiado / ha venido / el chongo de la Muerte / y me ha dejado / el sol negro del culo / hecho una roja flor azul.

A partir de ese momento, la escritura de GOB fue directamente abono para el armado de mi biblioteca queer/cuiar cosmopolita-regional. Y aquí el porqué:

Educado por el enemigo

Guanaco o Huanaco proviene de la palabra quechua Wanaku, sustantivo que denomina a un animal mamífero de Los Andes, según la RAE. Animal cuyo hobbies es escupir, lanzar garzos por doquier. Ese acto no grato para la sociedad hetero-winca-capitalista se la reapropia el libro de GOB, con las voces que conforman el yo lírico y que disparan desde lo más profundo de sus esfínteres al machote con su espectro denominado masculinidad, pieza principal del heteropatriarcado. Porque, como confirma Grasso en un ensayo de La Preguerra (2016), es difícil escupir al varón heteronormado que se halla en une cuando se nace con determinado genitales y la sociedad impregna en la carne mamífera la masculinidad como único destino.[2] Varoncito bien varoncito, como dios manda.

Por eso GOB escribe:

Yo fui educado por el enemigo.

[…] Por eso me meto el yo lírico en el orto,

para que el testigo y el omnisciente la sigan chupando.

Yo fui educado por el enemigo.

Por eso distanciamiento hay, pero crítico las pelotas.

En este país la polifonía se ha hecho concha.

Falsos putos colgado de las tetas del género.

[…] Yo fui educado por el enemigo.

Decirse yo fui educado por el enemigo es cantarse las cuarentas, admitir la opresión para poder construirse como sujetx; es decir, convertirse en alguien a pesar de la opresión[3], tejer una identidad propia a partir de la reivindicación de los efectos del poder heteronormado de la sociedad sobre nuestres cuerpes.

Cesárea harakiri –putito forever-

No se nace marica, se llega a serlo.

Dicho popular

Estoy feliz.

Estoy embarazado y no de un bebé

humano sino de un guanaco

que tras breve, suficiente, veterinaria crianza

arrojaré de mi seno a la cordillera.

Después de tantos y tantas que murieron

en los experimentos incontrolables del amor,

aprendí por fin a dar vida conmigo mismo,

a repoblar la naturaleza yo solo.

Por eso mi cesárea será un harakiri,

Con nomás la luna llena y la intemperie,

Para que nazca mi guanaco de varón,

Hijo del dolor que ya camina

Sobre un charco amniótico de sangre,

Por un corte de helada soledad,

Un balido indemne.

De les creadores de los anales de la historia y la historia de los anales, aparece El Guanaco para escupirle con toda su mariconería al heteronormado y recuperar las reliquias de la muerte para el ritual haraquiri. Bajo la luna llena y la noche de los sentidos, armonizar el cuerpo heraldo para la apertura de las puertas de ahí (donde la silueta de la espalda desaparece) y dar la bienvenida de una vez por todas al putaso que concebimos dentro.

Me cosí mal, con viento

Que traía disparos de caza

Y arroyos con veneno de la técnica del siglo.

Para ir menguando la dilatación anal y su gozadera, volveré a citar a Grasso, quien percibió en su lectura del libro la idea de un hombre –escrito- en minúsculas: Y al hacerlo, Ortiz Bandes, perfila el contorno posible (y yo agregaría que necesario) de un hombre nuevo en minúsculas: sin sangre en las manos y que ha aprendido, finalmente, a dar vida consigo mismo. No solo es posible la idea de un hombre no macho que plantea Grasso y que algunos feminismos proponen como la construcción de nuevas masculinidades (la toma de conciencia de los privilegios que tienen y han tenido a lo largo de la historia). Sino pensar que los poemas evocan una corporalidad disruptiva: el devenir marica.[4] Identidad que ha sido, como muchas otras, violentamente invisibilizada lo largo de la historia de la humanidad. Por eso, es fundamental pensar en una cartografía sudaka de la  disidencia sexual (marica, trans/travesti, lesbiana, queer, no binare, etc.) para criar la lengua del desacato[5] y desarticular los modo héteros de leer, escribir y habitar los libros y el mundo social.

Leer El guanaco es de alguna manera leer cierto linaje de la disidencia sexual, reviviendo con todos los sentidos los versos de la Pedro: Yo no pongo la otra mejilla./ Pongo el culo compañero. […] Mi hombría es aceptarme diferente. Es comprender el agenciamiento político-poético que propone Perlongher (yo no quiero que me acepten, ni que me quieran ni que me comprendan, yo solo quiero que me deseen). Es encarnar ese cuerpo para odiar, de Claudia Rodriguez; cuerpo no blanco, no hétero, pobre, abyecto que busca sentirse -y ser reconocido, también- como humano.

Pero unos yuyos se acercaron

Y entre cantos me ayudaron.

Y así, después de la teta lo vi

Ir a jugar con los otros guanacos del valle,

Divinos, igualitos a él.

Agosto, 2019.


[1] Ortiz Bandes, Gastón. El guanaco. Mendoza: Babeuf, 2015.

[2] Grasso, Pablo. La Preguerra. Mendoza: Babeuf, 2016.

[3] Witting, Monique. El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Madrid: Egales, 2006.

[4] Vidarte, Paco. Ética Marica: Proclamas libertarias para una militancia LGBTQ. España: Egales, 2007.

[5] Flores, Valeria. Desmontar la lengua del mandato, criar la lengua del desacato. Chile: Mantis, 2014.