Bukake*

Por Pablo Grasso

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Algunos escribas locales comienzan su labor diaria -¿de escribir?, ¿de posar?- realizando el ejercicio mecánico de postear una selfie de perfil, de medio perfil, acostados, sentados, de espaldas, victorianamente ataviados o, en su antípoda reversible: carnales, plenos de sí hasta la náusea. Chiquillos y chiquillas, adultos mayores y menores, autores éditos y de los otros, practicando por igual esa variopinta gama de posiciones cuyo objetivo secreto pareciera ser alimentar el morbo contemplador de sus contactos en las distintas redes sociales. No digo que esté mal –dejo la censura, la pulsión de vigilancia para el Comisariato de las Costumbres-, si no que me llama reverendamente la atención tal exceso de énfasis y amaneramiento en la proyección facial (con piquito corazón, así). Pura fachada.

Bajo dicho perfil, decía, capaz de plasmar los contornos y meandros interiores de una personalidad autónoma y desarrollada, se ubican muchos de los que, a falta de un término más imaginativo, llaman “hijos” o “criaturas” al producto masturbatorio de su intelecto. Ojo: que el creacionismo (sic) chambón no es un fantasma oxidado del pasado y sigue, lamentablemente, pululando en los pasillos oscurantistas de cierta intelligentzia menduca. Un fantasma que se pisa su propia sábana y hace de eso -y por eso- una mercancía cultural de bajo rendimiento.

El oasis del chiste

Otros se deshacen en largas y solitarias polémicas en torno a una baldosa vacía, que de eso y no de otra cosa se trata la literatura mendocina contemporánea. Porque lo importante no radica en la existencia o inexistencia de dicha baldosa (el huevo, la gallina, el canon, etc.), si no en los modos –obsérvese el potencial- en los que, bajo determinadas condiciones, podrían colisionar ciertas escrituras locales. Vale decir: el hecho material y tangible de la literatura, su rareza y densidad específica. El resto es cuestión de estilo, perseverancia y una sutil amalgama de táctica y estrategia: la política de autor. Su auténtica eficacia: hacer de sus carencias (reales o autopercibidas) algo medianamente legible capaz de tramarse con la tierna subjetividad del lector.

Poseurs

Pero esto no sólo se observa en el gremio de los escritores del Cuyum si no que, últimamente, también en las así llamadas Zonas de Resistencia (un territorio asaz difuso en donde chapotean líricamente el kirchrnerismo emo, el anarco rentismo, la autogestión adánica y cierto feminismo sediento de acción directa) tienden a desnudar sus intenciones en una demostración suicida de falta de tino e improvisación. Lo que cualquier jugador de truco más o menos avezado sabe, en estos casos no se cumple: se repiten los yeites, se cristalizan “los truquitos” que deberían resultar inaccesibles para el lego o, al menos, no estar tan regalados al vicio catalogizador del aparato represivo (que existe y no son sólo los padres). En las redes sociales o en las conversas de bar se desgrana un sinfín de planes para acabar de una buena vez con el patriarcado y de paso combatir al capital (actitud sumamente noble que, por cierto, está adobada con el sulfuro irrebatible de la rebeldía y el ethos combatiente). Pero…

¿Dónde topa?

Todo bien, muchachxs, pero al fascismo cebado, a esa bestia asesina que cambia de nombre pero no de hábitos, no se lo detiene con un texturizado de soja, ni mucho menos con la marchita cantada a deshoras en el interior de un bar partidario. Como siempre, la indignación es el privilegios de unos pocos.

2016


*Pensado como un pequeño ejercicio de observación sociológica, este texto apareció en la Revista Panero bajo el título Bukake /1. Si, como dictamina el célebre tango, veinte años son nada, los seis transcurridos entre ese momento de incipiente decepción (o de kairós bajoneante) y el presente, se borran rápidamente en lo que tarda un parpadeo.

Adelanto de Los Malhabidos (Victoria Baigorrí)

Por Hermosa Cena Editorial

“Los Malhabidos” es un libro de cuentos y relatos reunidos de la autora riojana Victoria Baigorrí. Se trata de una obra con fuerte carácter social en donde la marginalidad y lo local emergen como un golpe sin trucos del paisaje. Los malhabidos siempre están al borde de una ley que cuando se presenta, no resulta ser mucho mejor que ellos.

Este libro, que cuenta con la contratapa y justa recomendación de la escritora Gabriela Cabezón Cámara, tiene un valor local destacable al recuperar historias policiales riojanas, paisajes propios, personajes tradicionales enlazados en contextos (pos) modernos, terror, suspenso, acción y también, momentos de belleza y poesía.

Entre los cuentos de este libro podemos mencionar “Rioja Prosa”, “Espumadera”, “Ostia progre”, “Freno”, “Mikilo Slayer” y “Defeto”, entre otros. En esta oportunidad compartiremos a modo de adelanto el cuento “Cadete”, que narra un fallido y crudo ingreso policial.


CADETE

A ver si se enfilan, extiendan el brazo derecho para separarse, poniendo el dedo dedeador en la raya del costado del pantalón. Yo les voy a recordar por qué están acá. Ustedes, hijos de nadie, van a encontrar solitos por qué están acá. Todos se llaman más o menos parecido, Herrera, Romero, Bazán, Vera, Romero sobre Romero, Herrera III, Vera al cubo y Bazán de Malanzán. 

Hoy empezamos el ciclo lectivo 2018. Voy a tomar lista de nuevo, para saber a quién ya le dieron el uniforme:

1 – Torchivía, María Rosa

2 – Ramirez, Adrián Éctor

3 – Aparicio, Nicolás Jezú   

4 – Oyola, Del Cármen Alberto

5 – Bazán, Santiago

6 – Masa, sinceja Didí

7 – Oropel, Jessica Yesica

8 – Martinez, Edelma Sabia

9 – Matta, Victor Solo

10- Aballay, Daniela Silvia

Las vueltas al predio van a ser cinco, en media hora viene el fotógrafo del diario. Pintones y más negros que nunca van a salir en la foto, pongan buena cara como debe ser. No me hagan trompita porque esto no lo decidí yo, menos que menos, yo, raso policía, con mujer obesa, diabética y con tres chinitas que largan críos como meada de borrachín.

Siendo las 12:30 diose inicio al acto de inauguración. La cortada del lazo azul es realizada por el Cadete Honoris Causa, abanderado y doble escolta de sí mismo, Rogelio Bazán Segundo. 12:55, después de la cantada del higno y la ida de la bandera, mientras la Raula secretaria, escribiente, mecanógrafa excelsa, cambiada de género, ya les cuento, reparte fotocopias del contrato a las familias llorosas y orgullosas, firmando un porvenir de servicio a la patria, aunque en realidad le están poniendo el gancho o el dedo gordo a la condenación de sus críos. 

Entre el analfabetismo general y los jojos bizcos por llegada de choripán, la letra chica es pasada por alto. Allí figura una advertencia muy digna de destacación: “…en caso de deshidratación, apartar al cadete hacia el rincón más caliente del asfalto, déjelo ahí, hasta que se recupere, para volver a incluirlo al ejercicio. Si la descompostura sigue, enviarlo al costado de un árbol con sombra ya que, a esas altas temperaturas, las proteínas del cuerpo en lugar de apaciguarse, hacen lo suyo cocinándose el interior del sujeto.”

Idos todos, el Crío. Ángulo se despide bamboleando palmas saludando parientes, escribanos, abogados y autoridades políticas. A la policía montada a caballo la deja para el último, andaban con un inconveniente de diarrea equina.

Me prometieron hace bastante un lugar al lado de ellos, los políticos. Me deben tantos favores como las veces que nos metimos en los agujeros de la Raula antes de su convertición. Quisiera tener las casas con piezas de sobra, o las empleadas que se cogen y que después usan de amantes o de contenedores de leche. También me gustaría tener la panza, el corazón y la nariz contenta como ellos. Ojo, no soy un hombre que no disfrute de su trabajo, agradecido estoy de la total licencia para hacer de ustedes lo que se me cante el upite.

A la larga, me costó, pero entendí todo, yo soy uno como ustedes. Todos los días rezaba para que no me usaran de puta en el barrio, pero Diosito nunca me escuchó. Después entendí que Él también era un garca y humano, muy humano, usando su imagen y semejanza, me tunié de buche y hago lo que se me da la gana.

Agradezcan manga de acas, que los haga ejemplo de yo mismo. Si un día me pinta cagarlos, los cago, si otro día, se me da mearlos, los meo, y si algún que otro día se me ocurre acabarlos, los vuelco con mi leche de embarazo chorriada en sus culos. Así me enseñaron, así aprendí. Para qué viandar criticando las reglas, el istructivo y haciéndome el rebelde hipi fuma porro. Yo soy feliz, tengo tres crías y una esposa diabética con los tobillos reventados de azúcar, esperándome abierta en la cama. Me hubiese gustado que elijan a otro para hacerse cargo de gestionar esta juntadera de pobres, pero parece que nací mandado a enderezar las ramas ladeadas. ¿Quién me ha visto y quién me ve?

Gracias a fuentes oficiales y literales de la oficina de “policías intelectuales que piensan”, se redactó un protocolo sobre la llegada de los cadetes. El asunto crítico que devanó sesos, achuras, y demaces, era primero, la erradicación, total o parcial, de todas las mañas hogareñas contraídas. Si habremos escuchado morbosidades de todos los tipos y colores. Entre los casos estudiados estaba, por ejemplo, uno que de tan cagado de hambre, se había pasado al veganismo y comía cualquier yuyo que encontrara. Así que los instructores de esa época, para enderezar el vicio, lo usaron de cortadora de césped hasta que finalizó el curso. Otro, judicializado, sacado de los ranchos, era uno desos changuitos que te lustran la chota cuando el semáforo está en rojo. Fue una historia dura, le tuvieron que sacar a los golpes secos la boquita de pescado que traía de tanto pete esquinero. Por último, una que justito ahora es Sargento.

Todo el mundo sabía que a la Gladys la dejaron regalada en una canasta en la terminal de Patquía con una nota, “Esta es hija de la chaya y del carnaval, o sea, de todos y de ninguno. LLoya tengo ciete críos, 4 abortos y 3 ligaduras de trompas, soy gefa de ogar, no la puedo criar”. Remitente: Edificio 2 de Abril Polisia de la rioja”. Esa la adoctamos como querendona, y miren, hoy es Sargenta la Gladys.

Se vio interrumpida la rutina iniciática por un aspirante transpirante que corriendo, gritaba “Sargento Ángulo, el Santiago ta-mal, no se hace el morido, siera el que mejor corría”. A ver pedazo de bosta rajá de acá, Raula tráeme la fotocopia. A ver, a ver, qué dice, “PROCEDIMIENTOS SOBRE QUÉ HACER EN CASO DE CONVULSIÓN INCIPIENTE Y DESIDRATACIÓN MODERADA: Ubicar rápidamente el órgano de micción en un recipiente hasta que agote su contenido. A. Si se trata de un pene, usar preferentemente una botella plástica. B. En el caso de una vagina, utilizar una Quilmes de boca ancha. C. De géneros inciertos, llamar por asesoramiento al INADI.”

Raúl Antonio Miranday, o la famosa “Raula” timidona, entre dientes, sopla balbuceando al viento, “quiero decirle con respeto, tiene que saber que, hoy 12 de enero de 2018 La Rioja Capital a las 14.45 hs, se hizo record Giness de calor bajando al 2do puesto a la India. También salió en Crónica, ¿vió?, yo misma di una nota contando como se vive esta calentadera”. Cállese, no me distraiga, a ver, qué sigue diciendo esta mierda de papel: “Luego del procedimiento mencionado, trasladar al convaleciente a un recurso de agua para hidratarlo. Antes, debe cerciorarse si el cadete bebe por cuenta propia. En caso negativo, busque una ambulancia y dése por despedido. En caso afirmativo, se ofrecen las siguientes opciones: A. Buscar un charco, retirar los dengues que pululan, y ubicar la boca del cadete cerca, facilitándole “la pajita”. Ella se encuentra en el interior del botiquín que les dimos en la clase preparatoria. B. En caso de no contar con el recurso arriba mencionado, considérese licenciado de utilizar la maniobra que según su idóneo conocimiento pueda ofrecer. C. Si usted está leyendo este ítem, es porque su creatividad no ha funcionado, y URGENTEMENTE DEBE, propinar, convencer, y obligar a otro cadete para que orine en la fuente bucal del casi occiso. En los manuales de cuidados cadeíticos de la PFA se dice que la orina masculina tiene propiedades analgésicas y miorrelajantes inmediatas. 

Hacia el final del instructivo, todos pasaron por alto dos notas al pie. “Aclaratoria: Por cuestiones legales, esta salvedad DEBE hacerse: el 86% de los instructores han utilizado de una forma magistral y sintética el punto B. y C. mientras que el 14% restante fue desafectado de su cargo. Aclaratoria II: En casos de calor extremo, de cadete muerto, de quemaduras y accidentes varios, dése por vencido en su tarea y busque una licencia por golpe de calor.

La ambulancia, aportando su vagancia, hizo su gracia tardando media hora en llegar. Se salvaron muchos, a Dios gracias, un par de cadetes mujeres fueron llevadas a la guardia del hospital por quemaduras de pecho. A la Jesica Yesica, la trasladaron al instituto del quemado para rehacerle en vano sus pezones hechos pasas. La otra, Martínez Edelma Sabia, sin forma alguna de reparación mamaria, logró un acuerdo monetario para llevar orgullosa una sola teta donada por el INCUCAI.

Bazán además de seco, estaba morado y con los labios partidos, balbuceando palabras entre espuma. El pasto furioso de amarillo seco se puso blando y amable para el descanso de Santiago, los árboles de brea ofician de viejas lloronas, regalando por única vez, sus gotas azucaradas desde sus ramas. La naturaleza anduvo quieta y asesina ese día. Habitó en una especie de bestia perfecta, viendo lo poco y nada que quedaba, desconociendo su co-autoría.

Pasaron 6 meses hasta que el gobernador me llamó por cobro revertido. Me dijo que no me preocupara porque la causa marchaba regia. Por respeto a mi escalafón y por ser casi prócer, me dibujaron la causa. Me iban a dar condena por “Homicidio calificado por abuso de la función, en concurso con lesiones graves calificadas por ensañamiento y abuso de la función y violación a los deberes de funcionario público por ejercicio abusivo de la autoridad”. Pero hete aquí estoy, re salido como pito de choco.

Me sacaron rápido porque yo sabía mucho de sus chanchullos, así que pedí de todo, al propio gobernador: que me dieran los viáticos correspondientes por las culiadas sufridas con anterioridad, entre otras, pedí también, aborto gratis de por vida a las tres mangas de chinitas ponedoras de críos que tengo.

Si ya sé, así como salí campante, me han entrado de nuevo. Y a la corta más que a la corta puedo terminar en el penitenciario. Todos esos funcionarios ya ni bola me dan. Volví, sí, así con una carátula que ni yo entiendo, pero parece que la cosa viene pior. “Lesiones graves por goce de incendio humano y abandono de persona ya muerta, en concurso de uso intencional del calor riojano como arma de fuego para matar”.


Sobre Victoria Baigorrí: nació en la ciudad de La Rioja en 1985, donde vivió hasta finalizar sus estudios universitarios como psicóloga. En 2011 se trasladó a Buenos Aires, ciudad en la que reside, donde comenzó su carrera como escritora. Su relato «Nogal» se publicó en la antología de cuentos «Un sobresalto para el corazón, una punzada en la boca» (2020) de Patronus Ediciones, mientras que su cuento «Julián Murge» se incluyó en uno de los congresos sobre psicoanálisis y literatura realizados en la UBA. También participó de lecturas en Casa Brandón y en el Centro Cultural Matienzo (Bs. As.) y más recientemente, en Espacio Güemes (La Rioja).»Los Malhabidos» es su primer libro.


Lxs interesadxs pueden escribir al mail de la editorial hermosacena@gmail.com.

Podcast#19:Alicia Silva Rey

Alicia Silva Rey nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, en 1950. Actualmente vive en Ezpeleta Este, provincia de Buenos Aires.
Publicó: La solitudine (Bs. As., CILC, 2009); (circa), Buenos Aires, Años Luz, 2014; Partes del campo(2015), Ediciones de la Eterna, Col. El carterista de Bresson, San Miguel de Tucumán- Buenos Aires, La mujercita del espejo (editada por primera vez en formato libro), Ediciones de la Eterna, Col. El carterista de Bresson, San Miguel de Tucumán – Buenos Aires, 2015; Orillos, editado en E-Book por Barnacle Libros, Buenos Aires, 2015 issuu.com/barnacle-book/docs/silvarey; El poder de unos límites , Buenos Aires, Barnacle Libros, 2019; En las vísperas del fin del verano, Colección Poetas Argentinas, Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco, España, 2016. E-Book www.calameo.com/books/004541853be8997637bf2
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Los cinco poemas leídos pertenecen a El poder de unos límites. Buenos Aires, Barnacle libros, 2019.
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Voz: Sabrina Barrego.

de un verano al otoño siguiente

Por Claudio Rosales

I

como pensás que vas a morir

escribís que avanza la nada,

        que asoma la sombra.

sensible como los ojos al zonda

en la contradicción de comer

un escón con gusto a empanada.

es sábado y ya el miércoles pasó

tenés que estarte quieto

y no mover mucho el brazo,

el brazo está con vos.

II

era el fluir de la correntada

en el cauce seco

donde no se tocan

los puntos de las piedras,

en el monumento

ruina infame sostenida

por terrones y raíces

que de un momento a otro

ceden, y cae la historia

en menos tiempo

que lo previsto.

III

a veces lo que imaginás

no entender el ambiente

leer poesía poco frecuentada

y percibir mis poemas

como el contorno paisajista

que me hace ser quien soy

es solo lo que imaginas.

IV

en la severidad del paisaje

una monocromática nube agorea

sobre los espejismos del calor

que parecen derretir el asfalto

mis ideas son coartadas banales

tus sueños premoniciones oportunas

          cambio libros de esoterismo nazi

por libros de hechicería marxista.

V

Arenales tiene ventaja

recuerda el día de mañana

pero no vence

el río no corre

el tiempo no pasa

al Ignacio con su risa

las muchachas le regalan

sus torpezas en la chata.

VI

era el secano una toldería

de plástico negro

donde Macho Nafta

                y Pardo Chetto

sensibles al zonda

perciben la libertad

por cosas así y menos épicas

Orchata subió el Aconcagua

o editorializó contra los planes sociales.

VII

la imaginación de la novela

la imaginante novela

la imagen nihilista occidental

            araña en la pared

              la casa del Duende

               registro borrado.

la novelita de la democracia

la desocupada sin televisor

la rama epifánica en el epitafio

todo se nota.

Inédito, 2021

La Tierra es un mundo raro

por Jaime García

Hace muchos años, viajaba en un tren por la República Checa entre la bellísima Praga y la sorprendente Brno. Mientras recorría casi toda la longitud de ese país, reflexionaba sobre lo que había albergado esa típica ciudad europea, Brno, localizada en un enclave de cuatro países. La capital de la Moravia meridional, además de contar con la cuna del modernismo de la arquitectura, la Villa Tugendhat, aloja el Mendelianum, un museo de la historia de la genética. Ocurre que el padre de esa disciplina, Georg Mendel, nació cerca de Brno y desarrolló sus trabajos sobre biología en esa ciudad.

Pero al cabo de reflexionar sobre Mendel y lo diversa que es la biosfera terrestre en su capacidad de sustentar la vida en tan heterogéneas formas, desde seres unicelulares hasta complejas estructuras de tejidos especializados que conforman a los humanos, se nos presenta la gran pregunta, ¿habrá otro planeta, en este vasto universo, capaz de albergar una biosfera tan rica como la de la Tierra? Pregunta difícil de responder, si las hay. 

Desde hace treinta años, se han venido detectando una enorme cantidad de planetas alrededor de otras estrellas, los llamados exoplanetas.

Cabría esperar, con una muestra tan amplia de exoplanetas descubiertos a la fecha, nada menos que 4771, que encontremos muchos similares a la Tierra y, en un buen porcentaje de ellos, condiciones de sustentabilidad de la vida tal como la conocemos aquí. 

Es bueno resaltar que para que un exoplaneta adquiera el rango de potencialmente habitable, es necesario que se encuentre a una distancia tal de su estrella central que permita que el agua esté en estado líquido y esto reduce la muestra a unos 60, al día de hoy. 

Pero un nuevo análisis de exoplanetas conocidos ha revelado que las condiciones similares a las de la Tierra, en planetas potencialmente habitables, pueden ser mucho más raras de lo que se pensaba. El trabajo, que se publicó online el 23 de junio de 2021 en la revista científica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, se centra en las condiciones necesarias para que se desarrolle la fotosíntesis basada en oxígeno en un planeta, lo que permitiría biosferas complejas del tipo que se encuentra en la Tierra.

Del puñado de exoplanetas rocosos y potencialmente habitables conocidos, la nueva investigación indica que ninguno de estos tiene las condiciones teóricas para sostener una biosfera similar a la Tierra mediante la fotosíntesis «oxigénica», el mecanismo que utilizan las plantas en la Tierra para convertir la luz y el dióxido de carbono en oxígeno y nutrientes.

Solo uno de esos planetas está cerca de recibir la radiación estelar necesaria para sostener una gran biosfera: Kepler-442b, un planeta rocoso de aproximadamente el doble de la masa de la Tierra, que orbita una estrella más fría que el Sol, a unos 1.200 años luz de distancia a nuestro sistema solar.

En el estudio, liderado por Giovanni Covone de la Universidad de Nápoles, los astrónomos  analizaron, detalladamente, cuánta energía recibe un planeta de su estrella central y si los organismos vivos podrían producir nutrientes y oxígeno molecular de manera eficiente, ambos elementos esenciales para la vida compleja tal como la conocemos, a través de la fotosíntesis oxigénica normal.

Al calcular la cantidad de radiación fotosintéticamente activa que un planeta recibe de su estrella, el equipo descubrió que las estrellas con la mitad de la temperatura del Sol no pueden sostener biosferas similares a la Tierra porque no proporcionan suficiente energía en el rango de frecuencias correcto. La fotosíntesis oxigénica aún sería posible, pero tales planetas no podrían sostener una rica biosfera.

Los planetas alrededor de estrellas aún más frías, que conocemos como enanas rojas, que poseen un tercio de la temperatura superficial del Sol, no podrían recibir suficiente energía para siquiera activar la fotosíntesis. Las estrellas que son más calientes que el Sol son mucho más brillantes y emiten hasta diez veces más radiación en el rango necesario para una fotosíntesis efectiva que las enanas rojas, sin embargo, generalmente no viven lo suficiente para que evolucione la vida compleja.

Como las enanas rojas son el tipo de estrella más común en nuestra galaxia, este resultado indica que las condiciones similares a las de la Tierra, en otros planetas, pueden ser mucho menos comunes de lo que se podría esperar. En fin, este estudio impone fuertes limitaciones al espacio de parámetros para la vida compleja, por lo que parece ser que el «punto óptimo» para albergar una rica biosfera similar a la Tierra no es lo suficientemente amplio. La Tierra parece ser un mundo raro en la vastedad de nuestra galaxia.

Misiones futuras, como el telescopio espacial James Webb, que se lanzará hacia el fin de este año, tendrán la sensibilidad para observar mundos distantes alrededor de otras estrellas y arrojar nueva luz sobre lo que realmente es necesario para que un planeta albergue vida como la conocemos.

Rama Caída, San Rafael, Mendoza, 25 de junio de 2021.

Referencia

Giovanni Covone, Riccardo M. Ienco, Luca Cacciapuoti, Laura Inno: Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, Volume 505, Issue 3, August 2021, Pages 3329–3335.

Los cuadernos pueblerinos (tercera entrega)

Por Sabrina Barrego

Quedándote o Yéndote

Lo que escribo no es para ti ni para mí/ ni para los iniciados/ Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan/ los que se creen santos, profetas o poderosos.

Jorge Teiller

1. En “El último bolchevique”, documental de Chris Marker, Aleksandr Ivanovich Medvedkin, el cineasta ruso nacido en 1900, dice ser campesino por herencia; esto significa ser hijo y nieto de campesinos. El otro día mi madre me mandó un video en el que se oía en su voz quebrada: ¡No lo puedo creer! ¡Llego el agua, miren! ¡Como si fuera un manantial, llegó el agua potable!… La imagen del chorro aflorando entre el salitre de la finca alvearense  me recordó en seguida a  “Un dique contra el pacífico”, la novela de corte autobiográfico en la que Marguerite Duras recrea a su mamá, una mujer abatida por la vida y la miseria que había intentado (en vano) cultivar arroz en un terreno de la Indochina colonial que todos los años invadía el Pacífico.

El lunes el cartero me entregó dos libros que me enviaba Karina Lerman desde Buenos Aires. En la contratapa de “Las hijas de Lot” leo el siguiente poema:

Es el impulso de los pájaros / Olor a viento y rocío filtra la tierra.// Cosecheras golondrina

migran hacia los campos.// Al borde del ritual/ colman sus canastos con los frutos.// Van y vienen y no sabemos sus nombres./ Aprenden a salir ilesas de sus cuerpos.// Resaca en sus lenguas partidas./ Entre palabra y silencio./ Ellas danzan la infinita espera

Me pregunto qué esperan las mujeres de la tierra. ¿El final de la lucha por el agua (sinónimo de vida) contra la sal que todo lo seca? ¿O solo esperan lo que cada ciclo traiga como frutos en esta diáspora,  reconstruyendo los diques contra la brutalidad de los hechos y las condiciones materiales de la vida?

2. El agua tiene memoria.

Cuenta Svetlana Boym la historia de un regreso al hogar. Cuando por fin abrieron las fronteras soviéticas, una pareja alemana decidió  visitar Königsberg, la ciudad natal de sus padres, por primera vez en su vida. Después de la Segunda Guerra Mundial ésta había pasado a llamarse Kaliningrado, uno de los ejemplos más destacados de las Zonas de Obra soviética. El hombre y la mujer pasearon entre las ruinas del pasado prusiano sin encontrar nada que les resultara familiar hasta que llegaron al río Pregolya. Allí, el aroma a hierba y a los dientes de león les hizo recordar a sus padres. El viejo se arrodilló en la orilla del río para lavarse la cara en aquellas aguas, pero después tuvo que retroceder gritando de dolor: las aguas cargadas de basura y de desechos tóxicos le habían abrasado la cara.

3. Cuando tenía 13 años iba a una escuela que no me gustaba con gente que tampoco. Vivía en esta provincia desde hacía un año. Lejos había quedado el horizonte plano como hoja fina que no corta lo que está arriba de lo que está abajo (un solo cerro, en cambio, imponente, solitario, parecía ser testigo de todo). Lejos, mis amigos de la primaria que hablaban y se veían igual que yo. Tuve que volver entonces a intentar una vida social con mis contemporáneos (cosa que jamás me fue fácil), sobre todo desde mi condición de extranjera, marca que yo no sabía me acompañaría a lo largo de la existencia (mía y familiar). A partir de ese momento biográfico deje de ser “Sabrina”, nombre que nunca me disgustó, para ser “la porteña”, hija de un mecánico y un ama de casa en un colegio público de la Universidad de Cuyo con ínfulas de corte masónico. Plagado de hijos de “profesionales” y comerciantes, pichones de “futuros líderes”, quienes, desde el primer momento hasta el último de esos cinco años de prácticas tortuosas a la subjetividad a la que llaman “escuela secundaria”, se encargaron de hacer visible todo lo que los adultos no nombraban (excepto a voces): las diferencias entre los mundos que habitaban los chicos “bien” y los pocos que llegamos ahí por cercanía física con el establecimiento o por la creencia de nuestros pobres padres acerca del ascenso social relacionado con la educación. Bien. (Hay -hasta acá- un relato digno de una novela de Dickens  o de Andrea Del Boca.) No es el caso. No reniego de ninguno de mis resentimientos porque, en el crisol de esta experiencia olvidable (salvo por rarezas contadas con los dedos de una mano), se cocinó algo fundamental para mi supervivencia posterior: el instinto contra todo sentido de pertenencia y una consciencia de clase. No digo que haya sido fácil y sin dolor pero, gracias a esta serie de trayectorias (desafortunadas o no), es que ahora soy lo que soy. Y no pretendo ser, de ninguna manera, aquello que repudio.

Recuerdo que en el transcurso del último año de colegio se murió mi abuela Rosa y metieron preso a mi tío, dos hechos aislados que me rompieron el corazón y la salud para siempre. Con mi familia viajamos al interior de Buenos Aires al velorio de ella y al hospital donde estuvo él herido por la policía hasta que lo mandaron a cumplir su sentencia. Cuando regresamos y volví a la escuela, habíamos gastado dinero en el viaje y mi papá no pudo renovarnos las zapatillas. Fui a las clases de la tarde con los zapatos del uniforme matinal y se rieron de mí hasta hacerme llorar. Entonces mi mamá me contó que, teniendo los mismos años que yo en ese momento, limpiaba casas en Plomer y Lozano, provincia de Bs As, verano e invierno en alpargatas de yute, y que cuando llegaban las hijas de los estancieros se morían de ganas (y lo hacían) de ponerse un par de alpargatas blancas y aparecerse en la despensa o en la iglesia o en cualquier situación social que les permitiera ser vistas camuflajeadas. A ella le daba bronca que nadie las mirase con desprecio. ¡Qué más hubiese dado ella (me imagino) que un par de botas calentitas para ir a ver a su padre a la Unidad Carcelaria Nº 13 de La pampa en plena dictadura! ¡Que más hubiera dado yo en ese momento para que mis compañeras se pusieran en mis zapatos! Me equivoqué, no podían (como tampoco yo debería permitirlo).

Ahora, más de 20 años después, camino por lo que fue el terreno baldío que atravesé de lunes a viernes todas las mañanas con la salida y la puesta del sol. Cuando empecé a estudiar habían plantado álamos. Ahora, miden varios metros de altura y quién sabe cuántos chicos como yo han visto pasar de ida y de vuelta del colegio o ratearse al bar del Bassino. Han sido testigo de los primeros pasos de mi hijo y de los encuentros y rondas de poesía que organizábamos con mis amigos de  esa época. (Pensar que quienes llegaban del centro y se habían ido antes que nosotros a estudiar, viajar o trabajar se reían un poco de nuestros gustos “pintorescos”  -hasta burgueses nos decían- por los libros de literatura y la lucha por el agua que seguíamos tomando y por la tierra húmeda a nuestros pies en vez de preocuparnos por la “Real Política”). ¿Qué habrá sido de todos esos rostros?… Los que se quedaron y se alejaron de mí después de lo del hospital, o cuando la puerta de mi casa se cerró y se acabaron las reuniones. O quiénes se fueron antes que yo y ahora regresan (también)  buscando vaya a saber qué cosa, recogiendo algo para llevárselo entre la ciudad y el campo. Siempre se van rostros y vuelven…Solo el tiempo, como los anillos concéntricos escondidos en los viejos troncos, queda. Su fantasma.

4.

Sepa usted y para siempre, el corazón es una achura que no se vende.

Diana Bellessi.

Lo amamantaron entre pajonales

/donde ya se perdía/ el viento, con tristeza./ Lo amamantaron entre pajonales/ oh cuerpo mío,/ antiguo cuerpo mío…

Héctor Viel Temperley

He venido a Alvear a reconciliar el sueño. Durante poco menos de una semana me dediqué a dormir y alimentarme. Caminé y caminé. Largas caminatas desde el Callejón 6 y medio hasta la calle Santa Fe, la de las brujas; y, de ahí, al corazón de Alvear Oeste: la estación de tren, las vías del ferrocarril que hicieron nacer a este pueblito sureño. Con P recorremos los viejos galpones de chapa, hangares de la memoria. Lo miro de espaldas hacia mí, los brazos extendidos, metiéndose en el paisaje entre las colas de zorro. Nada toca más que los pasos de otros caminantes que, quizás, ya han muerto… como si no estuvieran, como si hubiese una forma de existir flotando. Algo en la caída del sol, en los metales centellantes, en las antenas y los postes del tendido eléctrico evoca el orden de la ciencia ficción (habíamos estado hablando de “Stalker”, la película de Andrei Tarkosvky).

Para Boym hay dos tipos de nostalgia: la más nociva es la “restauradora”, un tipo de chauvinismo que formula teorías conspirativas y fabrica mitos históricos a medida. La otra, la nostalgia reflexiva, se recrea en las ruinas, en la pátina del tiempo y en la historia, y sueña con otros lugares y épocas. No es raro que transitemos este viejo cruce de caminos entre la añoranza y el extrañamiento, como si se tratara de un país no especificado, una “Zona de aterrizaje” en donde pudo haber caído un meteorito o habitado una civilización extraterrestre. Zona que fue evacuada y resguardada continuamente por un fuerte cerco militar. Todo esto porque la mayoría de las personas que entran allí no regresan jamás, a no ser que sea por la gracia de un Stalker o guía que conduzca a los desesperados a una habitación secreta donde se cumplen los más íntimos deseos.

Miro a mí alrededor mientras me tambaleo en una zorrita encallada en pampa y la vía. Yo no nací en este lugar donde los rieles se pierden bajo el hollín del abandono; tan solo anduve de paso como las bandadas de cuervillos que forrajean en pastizales abiertos camino a los humedales. ¿Por qué regreso con el cambio de las estaciones y el transcurrir de los años a la tierra nueva de mis padres? ¿Recreando qué mitos de la infancia? Después de los daños recibidos y causados, peleándome con mis demonios como mosquitos desintegradores, esos demonios que han de llevarme al infierno, pero escribiendo, como diría Bolaño. ¿Será que busco poemas o alguna cosa que me trascienda y me guíe por el mundo de los signos? ¿Con el fin de generar metáforas, imágenes bonitas cargadas de lirismo rural? Ahora que mi experiencia es mostrable y extraíble como el jugo de los damascos en la fábrica de pulpa, ¡y que el sulfato se lo respiren los que se quedan! Ahora que existen nichos y categorías tales como Artistas de la Ruralidad y del Interior para ser repartidas entre quienes nos fuimos más temprano o más tarde a buscar los júbilos ajenos, cansados de vivir en nuestra tierra y/o expulsados, una y otra vez, del umbral de aquellos cuyos nombres aun guardamos (y aun así el pago querido seguirá como siempre riendo y llorando donde lo dejamos). O peor, aquellos que fingen raras ficciones bucólicas porque imaginan que es la única historia que se le puede contar a un papel, pura anécdota fantasiosa y romántica porque en el fondo (o no tanto) la vida real les parece “otra cosa”. Nadie puede entrar a la Zona con fines lucrativos, dice el Stalker. ¿Por qué quieren destruir la fe?

Y todo esto por un manojo de palabras. Palabras. No quiero más palabras que se repitan huecas, que me den nombres, que me definan, que me hagan esclava. El poema, el que anhelo, / al que aspiro, / es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga (Hugo Mujica). Me niego a regalar un solo puñado de greda que hayan pisado mis borcegos gastados y traducirlo en un vocablo que sirva para negociar con Gerentes de Ventas de sí y demás apropiadores que ejercen como dueños sus derechos de dueños sobre todo lo que nombran (sobre cada condenada hoja de los árboles que fueron testigos de mi crecimiento como muescas en las puertas de mis ancestros, de mis primeros besos y lágrimas de amor y de mi primer cigarro). Aunque de esos árboles nada quedase salvo el leve recuerdo de su forma, su memoria de raíz. Silencio, ruido blanco, es todo lo que obtendrán de mí. Como si hablásemos en otro idioma; lo que no aparece en su lenguaje no pueden arrebatármelo, rapaces. Deserto de las convenciones lingüísticas que no me pertenecen. Canto y nada más… No soy de aquí ni soy de allá. No tengo edad, ni porvenir…Y ser feliz es mi color de identidad… Angá. Despojada del peso muerto. Liviana como  las aves migratorias  busco mi lugar en el hueco, en el intervalo que no lograron llenar con palabras. En la grieta que hay en todo por donde entra la luz, esa luz obstinada en pelear contra las sombras.

5.

Mi forma favorita de la comunicación es con el más allá: en sueños. Soñar con alguien. La segunda es la correspondencia. Las cartas son una forma de comunicación con el más allá, no tan perfecta como los sueños pero sujeta a las mismas leyes .(M.T.)

La correspondencia fue siempre el medio de expresión preferido de Marina Tsvietáieva. Y sí, es lindo recibir el correo, me dijo Karina al enviarme un sobre de papel madera conteniendo sus dos libros y un señalador azul aterciopelado con mis iniciales pintadas a mano. En el transcurso de la pandemia presté particular atención a este viejo circuito de diálogos con personas afines y de apasionada intimidad que son las cartas y los poemas, cuando la vida diaria abruma y nos aísla y la civilización de las “prótesis” está haciendo “inválidas” las almas de las personas. Cuando el sentido de cercanía y de lejanía (física y espiritual) se desmantelan. Cuando las amadas palabras pierden su sentido y no se puede nombrar ni al amigo, ni a la ventana, aún se mira la compañía potencial de las páginas que llegan como llegan quienes viajan -aunque sea por momentos- en el mismo vagón que una. Para notarlo no es necesario dedicarse a la literatura, vivir en el campo o en la ciudad. Nos estamos enfermando de algo que se inhala fuerte, atomizado en una sociedad deshumanizada, competitiva e irrefrenable. Olvidando acaso la única certeza a nuestro alcance: que respiramos y dejamos de respirar.

“Tú no conoces mi soledad…he terminado un largo poema. Se lo leo y uno y a otro: silencio total —ni una palabra—un silencio insensible, me parece, ¡y de ninguna manera, por  un exceso de  sentimiento! Simplemente porque no llega, porque no entienden lo más mínimo. Pero para mí es claro y no puedo hacer nada (…) La lírica me servía como fe y  verdad, me salvaba, me llamaba… y daba color a cada hora a su modo, a mi modo. Estoy cansada de desgarrarme, de saltar en pedazos, como Osiris. Cada libro de poesías es un libro de separaciones y de desgarramientos (…)

Boris tengo nostalgia del paisaje ruso, de los lampazos, de los bosques sin yedra, de mí -allí. Si pudiera nacer de nuevo.”

Le escribe Marina a su querido Pasternak. Leo esta comunicación entre almas y pienso en qué cosa me une con una poeta que apenas conozco y que me envía con tanto detalle en vísperas de Pesaj (fiesta de la libertad) “Cayupán”, libro talismán como dice en su prólogo Alicia Silva Rey. Entonces digo: el hambre. No hay idioma ni lengua ni dialecto que indique la magnitud del hambre cuando el hambre es apetito de palabra (Silva Rey). Un hambre primordial y la ingesta salvaje de palabras (las verdaderas), la legua indócil de los niños y la avidez. Algo que anida en lo primordial, un ave que se va por las ramas de las metáforas, una voz ancestral que avanza de boca en boca y deja a la poeta en estado de fascinación, como un instinto donde la mano sabe y sigue a aquello otro que exige ser a través de nosotros. Todo consiste en oírse a una misma y en confiar, con la máquina de escribir como instrumento musical.

Entonces digo: la fe. Escribimos por un acto de fe. La poesía existe porque creemos en ella.

Tarkovski creía que el poeta discutía hombro con hombro con el tiempo. Que el artista existe porque el mundo no es perfecto y que, a través del arte, se puede sostener una conciencia de lo infinito. En este sentido, en el centro del arte, como en la devoción religiosa, está el amor, una forma de imitatio dei: ¿Qué es el arte?… Como una declaración de amor: la conciencia de nuestra dependencia mutua. Una confesión. Un acto inconsciente que sin embargo refleja el auténtico significado de la vida -el amor y el sacrificio-(…) Cuando hablo de la poesía no hablo de ella como de un género. La poesía es una cierta atención al mundo, una manera particular de relacionarse con la realidad. De esta manera, la poesía se vuelve una filosofía que guía al ser humano en la vida.

Digo: la búsqueda, la tensión entre el pueblo elegido y el pueblo imaginado que camina y no se detiene. Ninguna certeza. Una música. Balbuceo.

El lenguaje de la poesía.

6.

Recluido en un torreón a las orillas del río Neckar, en los últimos años de su vida, Friedrich Hölderlin, según se cuenta, a cualquier pregunta que se le hiciese, contestaba invariablemente “pallaksch, pallaksch”, una expresión con la que se remeda el balbuceo de los niños pequeños. Celan alude a ello en el poema “Tubinga. Enero”: Si viniera, / si viniera un hombre, / si viniera un hombre al mundo, hoy, con / la barba de luz de / los patriarcas: / debería, / si hablara de este / tiempo, / debería / sólo balbucir y balbucir, /siempre-, siempre- / asíasí / (“Pallaksch. Pallaksch”). Era en un mes de enero cuando los altos mandos de las SS se reunieron en Tubinga para decretar el exterminio del pueblo judío.

Chantal Maillard

Y así tal vez del propio silencio se desprendan los pasos que nos lleven por los campos secos hacia la pira del horizonte, un pie arrastrando al otro (a riesgo de que el mismo silencio nos revele los secretos que no queremos escuchar). Comencé este texto preguntándome por las mujeres de la tierra, mis amigas y compañeras, por mi hermana; mi madre y las de nuestra clase, simples nombres de dulce compañía que en el fondo desconozco. ¿Por qué? Por el tiempo. ¿Por qué son diferentes mis poemas? Porque son diferentes los años. Esperar de los versos, de los gestos y de las facciones cosas idénticas de aquí a diez años atrás es idiota. Yo misma he cambiado mucho en los últimos diez años (y el por qué asumo que nadie me lo preguntará por razones obvias). Si al final, como dijo Teiller, las personas adultas no se preguntan quiénes son, sino cómo van a actuar.

Me pregunto por lo otro que nos sobrevivirá, por el cielo que no dejo de mirar ¿junto a quién todavía? Tiempos difíciles para lo humano. Para hacer tribu. Para la salud. ¿Qué significa la salud? Son los que se consideran sanos los que han llevado el mundo al borde del desastre en nombre del “bien”. Pero no quiero opinar. Yo quiero escribir y nada más. Invocando, como propia la pregunta de Hölderlin: ¿para qué poetas en tiempos de miseria?  Quizá Tarkovski haya tenido razón y el arte sería inútil en un mundo perfecto. Y por eso tengamos que trenzar la constancia buscando la armonía entre los seres. Sin más para regalar que un rugido de animal gastado en la garganta. Para regalárselo a quién…Esta nostalgia somática como reserva espiritual.

*

Abandono. Me detengo pensando en la tucura quebrachera que encontró el otro día mi hermano entre la leña. Una langosta gigante vista como plaga en nuestros territorios. Resistencia de alas azules contra el extractivismo agrícola, que enmascara su color a medida que migra de norte a sur como quien ha cambiado de lenguaje para silbar en el monte sin reparar en la tierra arrasada a su paso. No pertenece a ninguna parte, ninguna parte le pertenece. Suelta es parte de la variante pequeña voz del mundo;  porque en la Zona nadie regresa por el mismo lugar por el que entra. O acaso sea como profetizó M. Lérmontov: para quienes no tenemos patria no existe el exilio.

Sabrina Barrego.

                                                                                         Marzo 2021- 22 de abril de 2021.

25º Aniversario de la muerte de Jorge Teiller.

Bibliografía

Karina Lerman. Las hijas de Lot, Griselda García Editora, 2018.

Karina Lerman. Cayupán, editado por la Municipalidad de Las Flores, 2020.

Svetlana Boym. El futuro de la nostalgia. Antonio Machado Libros. Madrid, 2016.


La primera y segunda parte de esta crónica puede encontrarse en Los cuadernos pueblerinos (primera entrega) y Los cuadernos pueblerinos (segunda entrega) .

Runrunes y redes en pandemia

Algunas reflexiones sobre poesía y escucha

Por Valeria Cervero

Retomo algunas líneas que compartí en una red social hace varios meses en torno al vínculo entre poesía y escucha. En esa oportunidad ponía mi atención en las redes de distinto tipo que se fueron multiplicando durante la pandemia, como contrapartida a los egoísmos que también nos rodean, y hacía hincapié en que, más allá de las limitaciones que puedan tener, esas redes constituyen puntos de partida para encontrar nuevas posibilidades.

Entre estas últimas, una que se me presentó un poco antes de la pandemia, pero con la que me involucré mucho más durante 2020, es la del aprendizaje del ZhiNeng ChiKung.[1] Por un lado, porque me ayuda en la búsqueda de un equilibrio corporal-mental (o al revés), pero además porque, como práctica basada en la teoría de la completud HunYuan,[2] encuentro en ella una relación con la poesía como forma de percibir el mundo y de escuchar.

La cuestión de la escucha es algo que me viene convocando desde hace bastante tiempo. Y justamente en los días del posteo que dio pie a este escrito, el poeta Osvaldo Bossi hizo público un texto en el que afirmaba que “la poesía no es autoexpresión”, y hablaba del “oído biónico” del poeta, esa “antena fabulosa que capta todo y de todo se alimenta”.[3] Al leerlo no pude dejar de recordar el poema de Gianni Rodari “Un signore maturo con un orecchio acerbo”, que copio en la traducción de Fabricio Caivano:

Un señor maduro con una oreja verde

Un día, en el expreso Soria-Monterde,
vi subir a un hombre con una oreja verde
.

Ya joven no era, sino maduro parecía.
salvo la oreja, que verde seguía.
Me cambié de sitio para estar a su lado
y observar el fenómeno bien mirado.

Le dije: Señor, usted tiene ya cierta edad;
dígame, esa oreja verde, ¿le es de alguna utilidad?
Me contestó amablemente: Yo ya soy persona vieja.
pues de joven solo tengo esta oreja.
Es una oreja de niño que me sirve para oír
cosas que los adultos nunca se paran a sentir:
oigo lo que los árboles dicen, los pájaros que cantan,
las piedras, los ríos y las nubes que pasan;
oigo también a los niños cuando cuentan cosas

que a una oreja madura parecían misteriosas…

Así habló el señor de la oreja verde
aquel día, en el expreso Soria-Monterde
.[4]

El poema de Rodari nos lleva a pensar en la escucha que permite descubrir las voces de lo que en general creemos que calla, incluso dentro de nosotrxs mismxs (y con esto, espero que se entienda, no estoy contradiciendo a Bossi en la frase antes citada).

La escucha es un tipo de experiencia en la que estuve involucrada especialmente en los últimos dos años como parte de una construcción colectiva que nos implica a muchxs. Tal vez por eso surge esta inquietud por reflexionar sobre esa práctica y sobre las realidades que puede abrir en sus distintas vías. Y lo primero que me interesa destacar es que la escucha va siempre asociada a un vínculo:[5] con alguien; con algo; con otra parte del universo externo o interno, que en cierta medida son lo mismo. A veces sentimos que ese universo nos aplasta o se vuelve tan oscuro, tan pasto seco, que casi resulta imposible todo, y llegar a decir parece inviable o inútil. Salir de esa realidad puede resultar un trabajo titánico, aunque es posible. Y en esa posibilidad justamente cumplen un rol la escucha y la irrupción de una voz. Claro que no hablo sólo de una terapia, sino de todo lo que movilizamos en el mundo cuando intentamos dar ese salto, en el que la poesía puede ser fundamental.

En una antología sobre poesía y locura que fue elaborada de manera colectiva por integrantes de la Biblioteca Virtual,[6] la poeta Eugenia Simionato, a cargo del prólogo, cita a Ivonne Bordelois: “En nuestra vida, superamos ciertas crisis o pasajes oscuros o muertes, simplemente porque el recuerdo –a veces inconsciente– de algunos grandes poemas nos sostiene”. Y agrega Simionato: “Tomo prestadas estas palabras de la escritora, porque me pareció oportuno resaltar la función que tiene la palabra para sostener el universo de la mente que también sufre derrumbes innombrables. Lo que se desvía, lo que hace surcos, encuentra un hogar en la poesía que jamás podrá padecer el encierro en categorías o etiquetas de salud mental”.[7] De alguna manera se trata de la planta creciendo en el hueco en la pared destinado a guardar un secreto.[8]

Paralelamente a esta idea de la poesía como sostén o como brote (en su forma vital), considero que no hay poema sin voluntad: voluntad de crear una dimensión que no existía con anterioridad y que se funda justamente en ese escuchar otras voces.[9] Zoë Skoulding apunta: “La escucha podría considerarse el reverso del poema, la recepción silenciosa que enmarca la expresión lingüística”, pero la escucha también “se infiltra en el poema, determinando su composición, su forma y la relación con el lector”.[10] Y no existe poema (ni escucha) si no podemos creer. Claro que esto va más allá de estar de acuerdo con, o de qué hagamos después con lo escuchado. Es verdad que a veces toda la voluntad del mundo no alcanza, y también que el sostenernos hoy no nos da garantía de llegar a hacerlo mañana. Pero el mañana puede ser miles de ficciones diferentes, así que elegir el hoy puede permitirnos creer en la versión que queramos. Y cuando digo versión, pienso también en la forma de traducir el mundo, en la “oreja verde” en la que aquel nos susurra todo el tiempo, en la “pequeña voz del mundo” con la que la poesía habla.[11] Las formas que encarnemos para ello serán diferentes para cada unx. Así como las etiquetas otorgadas desde una supuesta “normalidad”, si bien a veces pueden servir para aproximarnos a alguna ayuda, son solo eso: etiquetas. En estos tiempos en los que ha quedado en evidencia que, en muchos sentidos, no hay ninguna buena normalidad a la cuál volver, tal vez sea el momento de reinventar además los caminos (en los) que creamos para poder seguir, escuchar, encontrar una voz.


[1] Las prácticas de ZhiNeng ChiKung que sigo son coordinadas por Valeria Iglesias y tuvieron también su forma virtual y accesible durante el período de aislamiento social. Dejo el enlace al video de una de ellas que puede servir como vía introductoria para quien se interese en saber en qué consisten: https://www.instagram.com/p/CBynl0AA

[2] La teoría de la completud Hunyuan reúne los principios de la vida y del universo desarrollados por el doctor Pang Ming para el aprendizaje del ZhiNeng ChiKung (o ZhiNeng QiGong). Están planteados en su libro Teoría de la completud HunYuan. El fundamento de la ciencia del QiGong.

[3] Enlace al texto completo de Osvaldo Bossi:  https://www.facebook.com/osvaldo.bossi.14/posts/3575165062498487

[4] Poema incluido en Con ojos de niño, de Francesco Tonucci (Barcanova, 1987). El siguiente es el texto del poema de Gianni Rodari en italiano: “Un giorno sul diretto Capranica-Viterbo/ vidi salire un uomo con un orecchio acerbo.// Non era tanto giovane, anzi era maturato/ tutto, tranne l’orecchio, che acerbo era restato./ Cambiai subito posto per essergli vicino/ e potermi studiare il fenomeno per benino.// Signore, gli dissi dunque, lei ha una certa età/ di quell’orecchio verde che cosa se ne fa?/ Rispose gentilmente: –Dica pure che sono vecchio/ di giovane mi è rimasto soltanto quest’orecchio./ È un orecchio bambino, mi serve per capire/ le voci che i grandi non stanno mai a sentire./ Ascolto quel che dicono gli alberi, gli uccelli,/ le nuvole che passano, i sassi, i ruscelli./ Capisco anche i bambini quando dicono cose/che a un orecchio maturo sembrano misteriose.// Così disse il signore con un orecchio acerbo quel/ giorno, sul diretto Capranica-Viterbo”. A continuación, otra versión en español en la voz de Gaia Gordín para Minuto Poeplas, lecturas de poesía para las infancias durante el período de ASPO: https://youtu.be/B0VjIFHgrfs

[5] En el texto “Los cuerpos desterritorializados: un ensayo sobre la escucha”, la poeta galesa Zoë Skoulding se detiene en el libro A la escucha, de Jean-Luc Nancy, y sostiene que dicho autor “enfatiza ‘l’écoute’ como un medio para dirigir la atención hacia el mundo. ‘Escuchar es tendre l’oreille –literalmente, extender la oreja–, expresión que evoca una movilidad particular entre los aparatos sensoriales del pabellón auricular del oído; una intensificación y una preocupación; curiosidad y ansiedad…’” (Festival Internacional de Poesía de Medellín, enero de 2020, en línea: https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/29/Skoulding/).

[6] Grupo de Facebook que fue creado por la poeta Selva Dipasquale en abril de 2020, durante el período de aislamiento social por la pandemia de Covid-19, y que se volvió masivo rápidamente. Poco tiempo después ya era un “colectivo/grupo de personas que trabajan, participan y organizan de manera voluntaria, gratuita y comprometida la generación de todas y las diversas actividades culturales y sociales que se difunden en el espacio”. Su objetivo es “compartir libros de poesía, narrativa, ensayo y arte siempre que se encuentren liberados en Internet o sean de autores contemporáneos que autorizan su circulación en las redes bajo esta modalidad”; también “organiza lecturas en vivo, presentaciones y otras actividades literarias grupales sin fines de lucro” (https://www.facebook.com/groups/196141278615955/about).

[7] La antología lleva como título un verso de Marisa Wagner: Me construyo un girasol. Poesía y locura, obra colectiva de la Biblioteca Virtual, compilación de Daniel Grozo, prólogo de Eugenia Simionato, ilustraciones de Colifato Ilustrado (Damián Scokin). Puede descargarse libremente desde: https://www.facebook.com/groups/223694338736444/permalink/266052651167279/

[8] Vuelvo una y otra vez a la última escena de la película In the mood for love, de Wong Kar-Wai: https://youtu.be/iduIeakdxrs         

[9] Dice Jean-Lu Nancy: “… una ‘voz’: hay que entender con ello lo que suena en una garganta humana sin ser lenguaje, lo que sale de un gaznate animal o de un instrumento cualquiera, e incluso del viento entre las ramas: el murmullo para el que aguzamos el oído, o al que prestamos oídos” (A la escucha, traducción de Horacio Pons, Buenos Aires, Amorrortu, 2007).

[10] Zoë Skoulding, art. cit.

[11] Y podemos agregar, con la que “le poeta es hablade”. Dice Diana Bellessi en una entrevista alrededor de su libro de ensayos La pequeña voz del mundo (Taurus, 2011): “El poeta es hablado. Que el yo es otro es eso: uno es hablado por otros” (“Viva voz”, entrevista a Diana Bellessi por Paula Jiménez España, en suplemento “Las12”, Página/12, 6/1/12, en línea: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-6981-2012-01-06.html)