Adelanto de #meteoritos (Anabel Ocáterli)*

Comentario y selección de Sabrina Barrego
Tapa: Ilustración digital, Ela Matilda, 2020.
@mybodymyjokes

«No todos los días el mundo se ordena en un poema», escribe Wallace Stevens en Adagia. A veces, los poemas funcionan como meteoritos. Demasiado pequeños para ser considerados asteroides o cometas, pero de impactos sorpresivos en la atmósfera terrestre. Estos fragmentos que, a veces, parecen intencionalmente simples, incluso torpes, consiguen una forma aguda y cargada de potencia, con la misma fuerza de un cúmulo de materia incandescente a punto de estrellarse impactando contra lo poco conocido por esa parte de humanidad que es una misma. Reseteándolo todo. Ella, que todo da, todo apuesta por un fenómeno del cielo, un objeto, como un cuerpo celeste que ha venido desde otra esquina del espacio por necesidad, por voluntad de decir, por mero acto de fe. Cuando todo lo demás se trisó como una vieja loza en la que nadie repara (tiene que haber algo especial para cualquiera en este tipo de esperanza). Dios es un símbolo de algo que fácilmente puede adoptar otras formas, como, por ejemplo, la forma de la poesía, escribe también Stevens. Lo demás, el destello luminoso, podrá ser observado sólo después; liberado durante su tránsito en el aire. O devenir un hallazgo, en estado sólido, apareciendo fresco entre otras rocas.

Sabrina Barrego,

julio de 2020.


Selección

 Despierto
 sin un café
 ni un balazo.
  
 *
  
 Cambio de coche,
 cambio de llantas,
 cambio de mina.
  
 *
  
 Quiero unos zapatos,
 quiero una cartera,
 quiero un hijo.
  
 *
  
 Las fotos también se derriten,
 mejor
 el ojo,
 la mano,
 la lengua,
 el cuerpo.
  
 *
  
 Dame batalla, bella vida mía
 –así no me la invento–.
  
 *
  
 Ella, que todo da
 nada pide
 no es mujer,
 solo
 madre.
  
 *
  
 Su delirio era casarse
 con mi parte
 todavía virgen.
  
 *
  
 A punta de lápiz
 lo escupió
 mi cama.
  
 *
  
 Alrededor del origen giran
 los planetas,
 a punto de marearse.
  
 *
  
 Podría confesarme en directo,
 si Dios
 leyera ahora.
  
 *
  
 Todas las voces todas
 adentro de mi
 cabeza.
  
 *
  
 Poesía espejo,
 temo asomarme. 
Pattern: Ilustración digital, Ela Matilda, 2020.
@mybodymyjokes

Anabel Ocáterli nació en Mendoza. Creció y vive en una finca de Rodeo del Medio.
Estudió Comunicación Social y ejerció el periodismo gráfico. Se formó en narrativa con Mercedes Fernández y en lírica con Eliana Drajer.
Anabel participó en diversas antologías de cuento y poesía, de Argentina y España. Sombras de colores se llamó su primer poemario, en 2016. Justo ahora que venía callando fue el libro de poemas reunidos que escribió con el grupo Casa Poesía, en 2018.
Tiene dos hijas: Luz y Diana y un blog activo: Anaocaterli.com


* #Meteoritos / Anabel Ocáterli. – 1a ed . – Morón : Macedonia Ediciones, 2020.

@MacedoniaEdiciones

AnaOcaterli.com/ @AnaOcaterli

Tapa: Ilustración digital, Ela Matilda, 2020.

@mybodymyjokes

Secuencia

A partir de unas fotografías de Sergio Pantaley*

Por Claudio Ferreyra Barro

A través de los ojos la carne ardida. Como el pasto húmedo es la temperatura que se encarna por estos días en los arenales. Por la calle, la tierra caliente esteriliza las sombras. Se la bancan los montes a esta estación, preñados andan con las flores. Explotan las tunduqueras con la fuerza de la siesta y los mantras de las palomas anuncian.

El miedo es siempre a la tormenta y a que se lleve eso que está, eso que sirve.

Los montes se pierden siempre; por más quietos que estén se confunden con la suerte de lo movible. Sin embargo el pasado es inamovible, siempre propagando quietud… lo volvemos a cercar. Alambramos el pasado como a un terreno donde construir una torre alta de madera, con un balcón para sentarnos a mirar la luna y los vecinos.

Pantaley, Sergio. Focus. Fotografía digital directa, 2008.

Ayer vi gente caminar por los ríos secos que van hacia la cuesta, desesperados por acariciar las piedras ásperas. Las piedras, huevos del tiempo, por ellas caminamos y nos raspamos los pies. El agua y las lágrimas salen del mismo lugar y van a las cloacas untadas en pañuelos de papel. Todo termina en el agua, en el mar o en el fuego. Se han quemado desde las más preciadas sábanas hasta los más astutos escritos.

Ayer, en este pasado de mamut, les mostramos a los animales los dientes de fruta verde. No sobrevivimos a las antenas así de fácil. Arena caliente es el estado salvaje de los pies, como la burbuja es el prado tranquilo de la gestación. Se nace de lo caliente, de esa pulsión de espina.

Pantaley, Sergio. Focus. Fotografía digital directa, 2008.

Los juncos batían el aire. El poco aire que recorre los pastos petisos se mete en los hormigueros, entra en la tierra; por los poros va como el agua, se choca raíces, se encuentra animales ciegos que piensan despacio.

Desde arriba la tierra es danza; se mueve en sus cavidades y en sus alturas amasa las nubes. Todo permanece y, aunque se muera, deja una estela por donde pasó como un hilo de aire, como un brillo, un destello, una babosa.

De pronto todo se incendia y se achicharran los plásticos y los animales, las casas, lo que hay dentro de las casas, los lavarropas, las fotos, las puertas. De un momento a otro, un destello de objetos quemándose, un crepitar de cosas (las inmóviles comienzan a moverse).

El silencio del calor es semejante al silencio de cuando cae la nieve. La siesta del verano, el canal, los sauces, los cañaverales, sumergidos ahí en la burbuja.

Pantaley, Sergio. Focus. Fotografía digital directa, 2008.

Una secuencia se despertará en los ojos, en la piel ardida, para el final de estas vidas. Todo andará sobre las esperanzas, bailando un recuerdo tumultuoso, una risa de chicharra… pasará por la vista tanta agua como arena, tantas caras como piedras, tanto sonido de pájaro inadvertido.

Seremos para el tiempo esta cáscara que cubre la tierra, estos movimientos que lo hacen existir.

Colonia Elena, San Rafael,

2020.


* Pantaley, Sergio. Focus. Fotografía digital directa. Realizadas y expuestas por primera vez en el ECA, Mendoza, 2008.

Podcast #14: Marina Coronel

Marina Coronel. Vive en Resistencia, Chaco. Coordina talleres de escritura creativa en varios puntos de la provincia desde el año 2008. Alguna vez jugó a ser editora en Madre Agua ediciones, proyecto que armó junto al poeta formoseño Federico Torres en 2016. Actualmente pertenece al colectivo ENIE (Encuentro Nacional Itinerante de Escritorxs)
……………………………………………………………………………………………………………
Extravío (Del libro Cartografía. Ediciones En Danza, 2014).

Sábado (Del libro Los espejos sólo sirven para deformar. Inédito).

Purga II (Del libro Amarre. Inédito)

escombros*

Por Claudio Rosales

treinta y dos minutos
de las nueve de la mañana
tres nubes como letras desparramadas
despeinadas vocales entre despatarradas consonantes
consortes en pena los espacios abiertos
con puntos y coma
sintaxis vehemente
en el lector
dormir es perder
el poeta trova en
un bosque bajo del piedemonte,
zorros insondables
jarilla y piedra.
un ducto inducido por cartitas
de criolla y gorda meretriz
que toma y toma porrón
en la combi donde trabaja.
        lugar sin caballos, ni china o
        guacha galleta seca en una mesa,
        el pelo se le torna cano al Maravilla
        punta o parva de años de cabecita golpeador
        costumbres adquiridas en los rescoldos.
        la hechizada echa cenizas de posibilidades cosa que
        en el bosque del cuento la víctima victimice mucho
        cierta mueca de la del semblante de testimonia
        la vecina de gesto indignado.




los días y cielos del Norte donde los
celosos comen empanaditas de ñaca,
quinieleros tras los sueños del Vercelli
que hasta ayer fue rudo y anti rati.
las noches en cíclico círculo de fisura electrónica
la zorra púrpura y las uva verde
matufia opa que impone impuestos
y control poblacional.

funcional y estresado murió por contagio,
iniciales en una pared de estación de micros
manterita presumida sentada chola, ese perro tuyo.
y poeta uraniana en los rieles decidida
o dudante de seguro entreverada

    ¿en qué andará el  petiso que me                                               
             regaló un collar de choclos,                                                                       
                  allá en la placita del Resguardo?
                                                                                  
                                 Ora                                    
                                 Mar                                   
                                 Alba

        tengo un caballito y todos me vieron
        pasear montado el
        desnudo como un indio
        y llamaron al noticiero. 
        nadie me preguntó qué me pasa
        ni Monasterio ni Galdames
        tipos con insomnio y vino malo
        inmunes a la tecnología y la comunidad.
        represores quedados, obsoletos y reales
        como un libro de poemas encuadernado en cartón.

       travez  la perra perdida circula en círculo
       luego del incendio como migrante prima de la nostalgia
o la sombra angelar ante el cuerpo del Changarín
que yace en un limbo de vanidad y naturaleza alterada
como un río seco de máquinas rotas amontonadas
en la ripiera a la intemperie         destellos de la escarchilla.




*Rosales, Claudio. las heras y otros poemas. 2ªed . adaptada. Mendoza: Camusu, 2020.

Fotografías con flash

Por Copyleft

Facundo Díaz, «No vinimos a entretener a nadie», lápiz sobre papel, 15 x 15cm 2020

En el seminario Salir de las vitrinas: del museo al parlamento de los cuerpos. XI Curso de Cultura Contemporánea en el MUSAC, Paul Preciado dice maravillas y entre ellas lo siguiente: “El origen del museo está ligado al espectáculo para burgueses”. Y cita a Michel Foucault : “Así como la institución Escuela es un dispositivo de normalización y la Cárcel de disciplina, el Museo se origina como un espectáculo”. Luego continúa: “Por eso uno de los problemas que tenemos es que intentamos utilizar el museo en contra de su propia genealogía, cuando tenemos acceso a su maquinaria obviamente tenemos que intentar ocupar/usar al museo contra su propia genealogía política. Por lo tanto trabajar hoy en un museo contemporáneo es resistir, constantemente resistir.”

Punto y aparte.

El acartonado vernissage comparte el mismo origen, comenzó siendo una instancia privada donde un grupo selecto asistía al taller del artista cuando éste le daba una última capa de barniz (vernissage / barnizado en francés) a la obra y así la concluía. Un meet & greet del pasado con el artista haciendo su gracia para la elite del momento. Costumbre que se mantiene de alguna forma con las aclamadas inauguraciones con une artista pintando en vivo o esculpiendo una pieza en vivo o performateando algo, para reafirmar la autoría, supongo (¿hay alguna idea más espantosa que la del autor único, aun cuando es individual?). Igual la performance es otro universo que obviamente requiere del contacto con la audiencia, pero en su conceptualización se puede distinguir el chow de la obra. Y si el chow es la obra, pues entonces que se imponga, que no sea el servil chillout del champán. 

De ahí nuestra siniestra y glamorosa genealogía del vínculo espectáculo–artes visuales.   

Santiago Alba Rico en su artículo periodístico Elogio del aburrimiento dice: “Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción”. Es aquí cuando develamos que el dispositivo político del espectáculo no es para nada ingenuo y tiene una clara finalidad de control del pensamiento.

Por eso no es casual que la mayoría de las políticas culturales públicas y sus presupuestos se apliquen a eventos (eventuales) espectaculares y a pensar todo el universo de las artes visuales al servicio del espectáculo y de las políticas electoralistas, obvio.

Todas las políticas de gastos de inversión que aseguran derechos como el acceso libre a la cultura han surgido de largos historiales de reclamos, movilizaciones y tracción de la población. Casi siempre las gestiones responden tarde, con el techo en el piso.

Pero cuando el techo que se cae no es tan palpable, cuando el desastre de vacío cultural implica que no hay lugar para les artistas locales que viven el éxodo como única posibilidad de desarrollo, la respuesta no llega. Se siguen invirtiendo los magros presupuestos de Cultura en eventos de una noche, en lugar de programas públicos con visión a largo plazo.  

Pensar en la espectacularidad del arte es pensar en producciones de alto impacto, generalmente mainstream, con prensa asegurada por la amplia circulación que cada artista supo construirse. Los lugares comunes y seguros de la cultura a los que el mercado por supuesto persigue y promociona. La hamburguesa ATP, ATR que se supone comemos todes. No es prioritario que el Estado también se encargue de promocionar y de invertir dinero en esto.

Y si al panorama clásico le sumamos la pandemia, ¿en dónde debe invertir el Estado su 0,0000005 monedas arrojadas a la fuente de la cultura?

Esta sensación todo el tiempo de que no somos esenciales, de, como dice Sharon Olds en un poema:

¿Hay un médico a bordo?,

que por favor se identifique, me acuerdo cuando mi

entonces marido se levantaba, y yo me convertía en

aquella que estaba a su lado. Ahora dicen

que la cosa no funciona sin igualdad.

Y después de esos primeros treinta años, yo no fui más

la que él quería tener a su lado

al pararse o al volver a su asiento

– no yo sino ella, que también se levantará,

cuando sea necesario. Ahora me los imagino,

levantándose, juntos, con sus amplias

alas de médicos, pájaros zancudos, – como cigüeñas con sus

maletines de tal–para–cual

balanceándose en sus picos. Y bueno. Fue como

tuvo que ser, él no se ponía contento cuando se necesitaban

las palabras, y yo me ponía de pie.

Somos las esposas de los esenciales, por el momento sentadas a su lado, pero cuando se necesiten las palabras nos levantaremos. 

No es que exista una polarización entre los más o menos esenciales, esa es una discusión que no daremos porque es una trampa de la coyuntura. El problema es que nunca nos han dejado levantar de esa silla.

La cultura siempre vista como un plus o como testaferro del traidor de los aplausos, sin la dimensión de aquel violinista que compuso una música fúnebre para la orquesta de cámara de su campo de concentración, poco antes de ser trasladado a Auschwitz donde murió.

-Murió a contramano entorpeciendo el sábado- dice Chico Buarque en su canción titulada Construcción

Todas las obras son discursivas aún las más puramente formalistas; entonces todas las obras tienen una dimensión política, ideológica. Está en su diálogo con el contexto, en su forma de circular, en su forma de pronunciarse. Yo pienso que lo más político del arte radica en su cualidad de inútil; como la filosofía, no es utilitario ni productivista. Es un cuerpo que muere a contramano entorpeciendo el sábado.   

No tengo taller, ni boina, ni pincel.

No quiero salir en tu foto con flash.

Mendoza, septiembre de 2020