variaciones sobre Las Heras

Comentario poético a «Las Heras y otros poemas» (Camusu, 2020), de Claudio Rosales

Por Maite Esquerré

limbo lasherino


siempre van
los oscuros habitantes de provincia
entre frontera zanjón
mueven sus cuerpos 
escarceos amorosos 
divagaciones
sobre un mar que no se ve

como una polvareda los nombres pasan 
fantasmas se reconfiguran
junto a otros polvos
polvo de polvo el vino en la boca 
cepas de américa
la palabra puntazo herida que no cesa

tan distintos a la rigidez 
son arbustos
suavizados por la ternura barrial 
son el agua
que necesita la tierra seca
-qué manía
querer explicar la sequedad 
la soledad
de los cuerpos lo insoportable 
el desierto

destellos de la siesta 
donde la tierra centellea 
y te fulminan
los ojos del Matuasto

conversaciones disueltas 
entre el polvo la ausencia 
de límite la aridez

silencios que
esquivantes 
arman lenguaje
palabritas achaparradas
 
caldén retortuño chañar
molle piquillín jarilla, te acordás?

cortaste una rama
para mí la puse en el baño 
durante un tiempo estuvo 
el olor de tus manos

el corte-

es fuerte el zonda de agosto 
no vamos a alardear del otoño 
en Mendoza dejemos
el regodeo a los turistas 
en Las Heras hay viajeros
figurantes siluetas de la sombra 
border buscas lumpenaje
en camisitas de Erdosain 
pucho bajo chopos chombi

tortita raspada en
la galería cutre y subterránea 
llegando a la terminal 
terminar de irse
es imposible
sueñan los tumberos 
con rumbear
adonde
–les parece desear
solo un espejismo 
una ilusión lasherina

ese poema sobre la pasión
que escribiste en el ala este 
de la terminal desde
donde salen
los bondis a Cacheuta
la palabra piringundín el pancho 
la Andes ya caliente
el pool del Gringo las bolsas 
reventándole el estómago
el merqueado cuerpo 
que la policía dejó 
esperanti la muerte
 
nunca seré policía 
los textos que tiran 
las pibas de la lepra
en bicis chiquititas que chetean 
a la distracción
no duermas, reina 
no hay que dormir 
me decís
y no despierto nunca de Las Heras.





cementerio de animales

tórrido mediodía en un baldío de Las Heras 
el sol te parte y fragmenta
vas un poco más adelante
remera negra la cabeza en negativa
 tu mano blanca y roja de apretar
la bolsa de consorcio
te sigo de atrás hacia el costado 
voy llorando despacito 
improviso una despedida
muriendo se resucita a la vida eterna 
así sea tenía chamuyo el Armando
no hizo falta dejarle una moneda 
para que Caronte lo cruzara
empezás a cavar con una convicción ancestral 
debajo de un aguaribay –o falso pimiento -
hasta el dolor busca la sombra
alrededor todo está quemado
acá los pibes vienen a paquear
te cae sudor y mugre desde la cabeza 
el cuello intuyo que también llorás 
la puta gravedad de la muerte
tenés la mueca deformada 
no voy a hacerme cargo
en la espesura del desierto lasherino 
el pensamiento se condensa
en el aire borro lo que digo
le dejo las flores que me regalaste anoche
la tierra pesa y las piedras interrumpen la sepultura 
estás arrodillado le tocás las orejitas
todavía tibias y con hormigas
frente al pozo renacen se nos mezclan 
otras despedidas la muerte
no tiene propiedad



claudio c. rosales nació en la provincia de Mendoza, en 1972. Integró las redacciones de las revistas de arte y literatura Bichobolita y La Leónidas. Entre los años 2006 y 2013 fue el editor y artista visual de la colección de peosía carbónico edic. Publicó en epoesía córner, 2005; las heras, 2008: wachi, 2013; los poemas de Tecnotronic, 2015.

Podscat # 20: Daniela Bastías

Daniela Lourdes Bastias nació en el Valle de Uco (provincia de Mendoza) en 1995, donde reside actualmente. Durante el año 2020 dos de sus poemas fueron publicados en la colección Dos poemas de Ediciones Arroyo (Santa Fe) bajo el título «¿Te cantaban las cosas?».
…………………………………………………………………………………………
Dawn Chorus (inédito, 2020).

Cree En Mí. Hasta pronto (extraído de una carta de Antonin Artaud a Génica Athanasiou). (Inédito, 2021.)

Un caballo negro bebe agua (inédito, 2021).

El viaje (inédito, 2021).

La ternura está bien para los animales (inédito, 2021).

Bukake*

Por Pablo Grasso

Likes

Algunos escribas locales comienzan su labor diaria -¿de escribir?, ¿de posar?- realizando el ejercicio mecánico de postear una selfie de perfil, de medio perfil, acostados, sentados, de espaldas, victorianamente ataviados o, en su antípoda reversible: carnales, plenos de sí hasta la náusea. Chiquillos y chiquillas, adultos mayores y menores, autores éditos y de los otros, practicando por igual esa variopinta gama de posiciones cuyo objetivo secreto pareciera ser alimentar el morbo contemplador de sus contactos en las distintas redes sociales. No digo que esté mal –dejo la censura, la pulsión de vigilancia para el Comisariato de las Costumbres-, si no que me llama reverendamente la atención tal exceso de énfasis y amaneramiento en la proyección facial (con piquito corazón, así). Pura fachada.

Bajo dicho perfil, decía, capaz de plasmar los contornos y meandros interiores de una personalidad autónoma y desarrollada, se ubican muchos de los que, a falta de un término más imaginativo, llaman “hijos” o “criaturas” al producto masturbatorio de su intelecto. Ojo: que el creacionismo (sic) chambón no es un fantasma oxidado del pasado y sigue, lamentablemente, pululando en los pasillos oscurantistas de cierta intelligentzia menduca. Un fantasma que se pisa su propia sábana y hace de eso -y por eso- una mercancía cultural de bajo rendimiento.

El oasis del chiste

Otros se deshacen en largas y solitarias polémicas en torno a una baldosa vacía, que de eso y no de otra cosa se trata la literatura mendocina contemporánea. Porque lo importante no radica en la existencia o inexistencia de dicha baldosa (el huevo, la gallina, el canon, etc.), si no en los modos –obsérvese el potencial- en los que, bajo determinadas condiciones, podrían colisionar ciertas escrituras locales. Vale decir: el hecho material y tangible de la literatura, su rareza y densidad específica. El resto es cuestión de estilo, perseverancia y una sutil amalgama de táctica y estrategia: la política de autor. Su auténtica eficacia: hacer de sus carencias (reales o autopercibidas) algo medianamente legible capaz de tramarse con la tierna subjetividad del lector.

Poseurs

Pero esto no sólo se observa en el gremio de los escritores del Cuyum si no que, últimamente, también en las así llamadas Zonas de Resistencia (un territorio asaz difuso en donde chapotean líricamente el kirchrnerismo emo, el anarco rentismo, la autogestión adánica y cierto feminismo sediento de acción directa) tienden a desnudar sus intenciones en una demostración suicida de falta de tino e improvisación. Lo que cualquier jugador de truco más o menos avezado sabe, en estos casos no se cumple: se repiten los yeites, se cristalizan “los truquitos” que deberían resultar inaccesibles para el lego o, al menos, no estar tan regalados al vicio catalogizador del aparato represivo (que existe y no son sólo los padres). En las redes sociales o en las conversas de bar se desgrana un sinfín de planes para acabar de una buena vez con el patriarcado y de paso combatir al capital (actitud sumamente noble que, por cierto, está adobada con el sulfuro irrebatible de la rebeldía y el ethos combatiente). Pero…

¿Dónde topa?

Todo bien, muchachxs, pero al fascismo cebado, a esa bestia asesina que cambia de nombre pero no de hábitos, no se lo detiene con un texturizado de soja, ni mucho menos con la marchita cantada a deshoras en el interior de un bar partidario. Como siempre, la indignación es el privilegios de unos pocos.

2016


*Pensado como un pequeño ejercicio de observación sociológica, este texto apareció en la Revista Panero bajo el título Bukake /1. Si, como dictamina el célebre tango, veinte años son nada, los seis transcurridos entre ese momento de incipiente decepción (o de kairós bajoneante) y el presente, se borran rápidamente en lo que tarda un parpadeo.

Los cuadernos pueblerinos (tercera entrega)

Por Sabrina Barrego

Quedándote o Yéndote

Lo que escribo no es para ti ni para mí/ ni para los iniciados/ Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan/ los que se creen santos, profetas o poderosos.

Jorge Teiller

1. En “El último bolchevique”, documental de Chris Marker, Aleksandr Ivanovich Medvedkin, el cineasta ruso nacido en 1900, dice ser campesino por herencia; esto significa ser hijo y nieto de campesinos. El otro día mi madre me mandó un video en el que se oía en su voz quebrada: ¡No lo puedo creer! ¡Llego el agua, miren! ¡Como si fuera un manantial, llegó el agua potable!… La imagen del chorro aflorando entre el salitre de la finca alvearense  me recordó en seguida a  “Un dique contra el pacífico”, la novela de corte autobiográfico en la que Marguerite Duras recrea a su mamá, una mujer abatida por la vida y la miseria que había intentado (en vano) cultivar arroz en un terreno de la Indochina colonial que todos los años invadía el Pacífico.

El lunes el cartero me entregó dos libros que me enviaba Karina Lerman desde Buenos Aires. En la contratapa de “Las hijas de Lot” leo el siguiente poema:

Es el impulso de los pájaros / Olor a viento y rocío filtra la tierra.// Cosecheras golondrina

migran hacia los campos.// Al borde del ritual/ colman sus canastos con los frutos.// Van y vienen y no sabemos sus nombres./ Aprenden a salir ilesas de sus cuerpos.// Resaca en sus lenguas partidas./ Entre palabra y silencio./ Ellas danzan la infinita espera

Me pregunto qué esperan las mujeres de la tierra. ¿El final de la lucha por el agua (sinónimo de vida) contra la sal que todo lo seca? ¿O solo esperan lo que cada ciclo traiga como frutos en esta diáspora,  reconstruyendo los diques contra la brutalidad de los hechos y las condiciones materiales de la vida?

2. El agua tiene memoria.

Cuenta Svetlana Boym la historia de un regreso al hogar. Cuando por fin abrieron las fronteras soviéticas, una pareja alemana decidió  visitar Königsberg, la ciudad natal de sus padres, por primera vez en su vida. Después de la Segunda Guerra Mundial ésta había pasado a llamarse Kaliningrado, uno de los ejemplos más destacados de las Zonas de Obra soviética. El hombre y la mujer pasearon entre las ruinas del pasado prusiano sin encontrar nada que les resultara familiar hasta que llegaron al río Pregolya. Allí, el aroma a hierba y a los dientes de león les hizo recordar a sus padres. El viejo se arrodilló en la orilla del río para lavarse la cara en aquellas aguas, pero después tuvo que retroceder gritando de dolor: las aguas cargadas de basura y de desechos tóxicos le habían abrasado la cara.

3. Cuando tenía 13 años iba a una escuela que no me gustaba con gente que tampoco. Vivía en esta provincia desde hacía un año. Lejos había quedado el horizonte plano como hoja fina que no corta lo que está arriba de lo que está abajo (un solo cerro, en cambio, imponente, solitario, parecía ser testigo de todo). Lejos, mis amigos de la primaria que hablaban y se veían igual que yo. Tuve que volver entonces a intentar una vida social con mis contemporáneos (cosa que jamás me fue fácil), sobre todo desde mi condición de extranjera, marca que yo no sabía me acompañaría a lo largo de la existencia (mía y familiar). A partir de ese momento biográfico deje de ser “Sabrina”, nombre que nunca me disgustó, para ser “la porteña”, hija de un mecánico y un ama de casa en un colegio público de la Universidad de Cuyo con ínfulas de corte masónico. Plagado de hijos de “profesionales” y comerciantes, pichones de “futuros líderes”, quienes, desde el primer momento hasta el último de esos cinco años de prácticas tortuosas a la subjetividad a la que llaman “escuela secundaria”, se encargaron de hacer visible todo lo que los adultos no nombraban (excepto a voces): las diferencias entre los mundos que habitaban los chicos “bien” y los pocos que llegamos ahí por cercanía física con el establecimiento o por la creencia de nuestros pobres padres acerca del ascenso social relacionado con la educación. Bien. (Hay -hasta acá- un relato digno de una novela de Dickens  o de Andrea Del Boca.) No es el caso. No reniego de ninguno de mis resentimientos porque, en el crisol de esta experiencia olvidable (salvo por rarezas contadas con los dedos de una mano), se cocinó algo fundamental para mi supervivencia posterior: el instinto contra todo sentido de pertenencia y una consciencia de clase. No digo que haya sido fácil y sin dolor pero, gracias a esta serie de trayectorias (desafortunadas o no), es que ahora soy lo que soy. Y no pretendo ser, de ninguna manera, aquello que repudio.

Recuerdo que en el transcurso del último año de colegio se murió mi abuela Rosa y metieron preso a mi tío, dos hechos aislados que me rompieron el corazón y la salud para siempre. Con mi familia viajamos al interior de Buenos Aires al velorio de ella y al hospital donde estuvo él herido por la policía hasta que lo mandaron a cumplir su sentencia. Cuando regresamos y volví a la escuela, habíamos gastado dinero en el viaje y mi papá no pudo renovarnos las zapatillas. Fui a las clases de la tarde con los zapatos del uniforme matinal y se rieron de mí hasta hacerme llorar. Entonces mi mamá me contó que, teniendo los mismos años que yo en ese momento, limpiaba casas en Plomer y Lozano, provincia de Bs As, verano e invierno en alpargatas de yute, y que cuando llegaban las hijas de los estancieros se morían de ganas (y lo hacían) de ponerse un par de alpargatas blancas y aparecerse en la despensa o en la iglesia o en cualquier situación social que les permitiera ser vistas camuflajeadas. A ella le daba bronca que nadie las mirase con desprecio. ¡Qué más hubiese dado ella (me imagino) que un par de botas calentitas para ir a ver a su padre a la Unidad Carcelaria Nº 13 de La pampa en plena dictadura! ¡Que más hubiera dado yo en ese momento para que mis compañeras se pusieran en mis zapatos! Me equivoqué, no podían (como tampoco yo debería permitirlo).

Ahora, más de 20 años después, camino por lo que fue el terreno baldío que atravesé de lunes a viernes todas las mañanas con la salida y la puesta del sol. Cuando empecé a estudiar habían plantado álamos. Ahora, miden varios metros de altura y quién sabe cuántos chicos como yo han visto pasar de ida y de vuelta del colegio o ratearse al bar del Bassino. Han sido testigo de los primeros pasos de mi hijo y de los encuentros y rondas de poesía que organizábamos con mis amigos de  esa época. (Pensar que quienes llegaban del centro y se habían ido antes que nosotros a estudiar, viajar o trabajar se reían un poco de nuestros gustos “pintorescos”  -hasta burgueses nos decían- por los libros de literatura y la lucha por el agua que seguíamos tomando y por la tierra húmeda a nuestros pies en vez de preocuparnos por la “Real Política”). ¿Qué habrá sido de todos esos rostros?… Los que se quedaron y se alejaron de mí después de lo del hospital, o cuando la puerta de mi casa se cerró y se acabaron las reuniones. O quiénes se fueron antes que yo y ahora regresan (también)  buscando vaya a saber qué cosa, recogiendo algo para llevárselo entre la ciudad y el campo. Siempre se van rostros y vuelven…Solo el tiempo, como los anillos concéntricos escondidos en los viejos troncos, queda. Su fantasma.

4.

Sepa usted y para siempre, el corazón es una achura que no se vende.

Diana Bellessi.

Lo amamantaron entre pajonales

/donde ya se perdía/ el viento, con tristeza./ Lo amamantaron entre pajonales/ oh cuerpo mío,/ antiguo cuerpo mío…

Héctor Viel Temperley

He venido a Alvear a reconciliar el sueño. Durante poco menos de una semana me dediqué a dormir y alimentarme. Caminé y caminé. Largas caminatas desde el Callejón 6 y medio hasta la calle Santa Fe, la de las brujas; y, de ahí, al corazón de Alvear Oeste: la estación de tren, las vías del ferrocarril que hicieron nacer a este pueblito sureño. Con P recorremos los viejos galpones de chapa, hangares de la memoria. Lo miro de espaldas hacia mí, los brazos extendidos, metiéndose en el paisaje entre las colas de zorro. Nada toca más que los pasos de otros caminantes que, quizás, ya han muerto… como si no estuvieran, como si hubiese una forma de existir flotando. Algo en la caída del sol, en los metales centellantes, en las antenas y los postes del tendido eléctrico evoca el orden de la ciencia ficción (habíamos estado hablando de “Stalker”, la película de Andrei Tarkosvky).

Para Boym hay dos tipos de nostalgia: la más nociva es la “restauradora”, un tipo de chauvinismo que formula teorías conspirativas y fabrica mitos históricos a medida. La otra, la nostalgia reflexiva, se recrea en las ruinas, en la pátina del tiempo y en la historia, y sueña con otros lugares y épocas. No es raro que transitemos este viejo cruce de caminos entre la añoranza y el extrañamiento, como si se tratara de un país no especificado, una “Zona de aterrizaje” en donde pudo haber caído un meteorito o habitado una civilización extraterrestre. Zona que fue evacuada y resguardada continuamente por un fuerte cerco militar. Todo esto porque la mayoría de las personas que entran allí no regresan jamás, a no ser que sea por la gracia de un Stalker o guía que conduzca a los desesperados a una habitación secreta donde se cumplen los más íntimos deseos.

Miro a mí alrededor mientras me tambaleo en una zorrita encallada en pampa y la vía. Yo no nací en este lugar donde los rieles se pierden bajo el hollín del abandono; tan solo anduve de paso como las bandadas de cuervillos que forrajean en pastizales abiertos camino a los humedales. ¿Por qué regreso con el cambio de las estaciones y el transcurrir de los años a la tierra nueva de mis padres? ¿Recreando qué mitos de la infancia? Después de los daños recibidos y causados, peleándome con mis demonios como mosquitos desintegradores, esos demonios que han de llevarme al infierno, pero escribiendo, como diría Bolaño. ¿Será que busco poemas o alguna cosa que me trascienda y me guíe por el mundo de los signos? ¿Con el fin de generar metáforas, imágenes bonitas cargadas de lirismo rural? Ahora que mi experiencia es mostrable y extraíble como el jugo de los damascos en la fábrica de pulpa, ¡y que el sulfato se lo respiren los que se quedan! Ahora que existen nichos y categorías tales como Artistas de la Ruralidad y del Interior para ser repartidas entre quienes nos fuimos más temprano o más tarde a buscar los júbilos ajenos, cansados de vivir en nuestra tierra y/o expulsados, una y otra vez, del umbral de aquellos cuyos nombres aun guardamos (y aun así el pago querido seguirá como siempre riendo y llorando donde lo dejamos). O peor, aquellos que fingen raras ficciones bucólicas porque imaginan que es la única historia que se le puede contar a un papel, pura anécdota fantasiosa y romántica porque en el fondo (o no tanto) la vida real les parece “otra cosa”. Nadie puede entrar a la Zona con fines lucrativos, dice el Stalker. ¿Por qué quieren destruir la fe?

Y todo esto por un manojo de palabras. Palabras. No quiero más palabras que se repitan huecas, que me den nombres, que me definan, que me hagan esclava. El poema, el que anhelo, / al que aspiro, / es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga (Hugo Mujica). Me niego a regalar un solo puñado de greda que hayan pisado mis borcegos gastados y traducirlo en un vocablo que sirva para negociar con Gerentes de Ventas de sí y demás apropiadores que ejercen como dueños sus derechos de dueños sobre todo lo que nombran (sobre cada condenada hoja de los árboles que fueron testigos de mi crecimiento como muescas en las puertas de mis ancestros, de mis primeros besos y lágrimas de amor y de mi primer cigarro). Aunque de esos árboles nada quedase salvo el leve recuerdo de su forma, su memoria de raíz. Silencio, ruido blanco, es todo lo que obtendrán de mí. Como si hablásemos en otro idioma; lo que no aparece en su lenguaje no pueden arrebatármelo, rapaces. Deserto de las convenciones lingüísticas que no me pertenecen. Canto y nada más… No soy de aquí ni soy de allá. No tengo edad, ni porvenir…Y ser feliz es mi color de identidad… Angá. Despojada del peso muerto. Liviana como  las aves migratorias  busco mi lugar en el hueco, en el intervalo que no lograron llenar con palabras. En la grieta que hay en todo por donde entra la luz, esa luz obstinada en pelear contra las sombras.

5.

Mi forma favorita de la comunicación es con el más allá: en sueños. Soñar con alguien. La segunda es la correspondencia. Las cartas son una forma de comunicación con el más allá, no tan perfecta como los sueños pero sujeta a las mismas leyes .(M.T.)

La correspondencia fue siempre el medio de expresión preferido de Marina Tsvietáieva. Y sí, es lindo recibir el correo, me dijo Karina al enviarme un sobre de papel madera conteniendo sus dos libros y un señalador azul aterciopelado con mis iniciales pintadas a mano. En el transcurso de la pandemia presté particular atención a este viejo circuito de diálogos con personas afines y de apasionada intimidad que son las cartas y los poemas, cuando la vida diaria abruma y nos aísla y la civilización de las “prótesis” está haciendo “inválidas” las almas de las personas. Cuando el sentido de cercanía y de lejanía (física y espiritual) se desmantelan. Cuando las amadas palabras pierden su sentido y no se puede nombrar ni al amigo, ni a la ventana, aún se mira la compañía potencial de las páginas que llegan como llegan quienes viajan -aunque sea por momentos- en el mismo vagón que una. Para notarlo no es necesario dedicarse a la literatura, vivir en el campo o en la ciudad. Nos estamos enfermando de algo que se inhala fuerte, atomizado en una sociedad deshumanizada, competitiva e irrefrenable. Olvidando acaso la única certeza a nuestro alcance: que respiramos y dejamos de respirar.

“Tú no conoces mi soledad…he terminado un largo poema. Se lo leo y uno y a otro: silencio total —ni una palabra—un silencio insensible, me parece, ¡y de ninguna manera, por  un exceso de  sentimiento! Simplemente porque no llega, porque no entienden lo más mínimo. Pero para mí es claro y no puedo hacer nada (…) La lírica me servía como fe y  verdad, me salvaba, me llamaba… y daba color a cada hora a su modo, a mi modo. Estoy cansada de desgarrarme, de saltar en pedazos, como Osiris. Cada libro de poesías es un libro de separaciones y de desgarramientos (…)

Boris tengo nostalgia del paisaje ruso, de los lampazos, de los bosques sin yedra, de mí -allí. Si pudiera nacer de nuevo.”

Le escribe Marina a su querido Pasternak. Leo esta comunicación entre almas y pienso en qué cosa me une con una poeta que apenas conozco y que me envía con tanto detalle en vísperas de Pesaj (fiesta de la libertad) “Cayupán”, libro talismán como dice en su prólogo Alicia Silva Rey. Entonces digo: el hambre. No hay idioma ni lengua ni dialecto que indique la magnitud del hambre cuando el hambre es apetito de palabra (Silva Rey). Un hambre primordial y la ingesta salvaje de palabras (las verdaderas), la legua indócil de los niños y la avidez. Algo que anida en lo primordial, un ave que se va por las ramas de las metáforas, una voz ancestral que avanza de boca en boca y deja a la poeta en estado de fascinación, como un instinto donde la mano sabe y sigue a aquello otro que exige ser a través de nosotros. Todo consiste en oírse a una misma y en confiar, con la máquina de escribir como instrumento musical.

Entonces digo: la fe. Escribimos por un acto de fe. La poesía existe porque creemos en ella.

Tarkovski creía que el poeta discutía hombro con hombro con el tiempo. Que el artista existe porque el mundo no es perfecto y que, a través del arte, se puede sostener una conciencia de lo infinito. En este sentido, en el centro del arte, como en la devoción religiosa, está el amor, una forma de imitatio dei: ¿Qué es el arte?… Como una declaración de amor: la conciencia de nuestra dependencia mutua. Una confesión. Un acto inconsciente que sin embargo refleja el auténtico significado de la vida -el amor y el sacrificio-(…) Cuando hablo de la poesía no hablo de ella como de un género. La poesía es una cierta atención al mundo, una manera particular de relacionarse con la realidad. De esta manera, la poesía se vuelve una filosofía que guía al ser humano en la vida.

Digo: la búsqueda, la tensión entre el pueblo elegido y el pueblo imaginado que camina y no se detiene. Ninguna certeza. Una música. Balbuceo.

El lenguaje de la poesía.

6.

Recluido en un torreón a las orillas del río Neckar, en los últimos años de su vida, Friedrich Hölderlin, según se cuenta, a cualquier pregunta que se le hiciese, contestaba invariablemente “pallaksch, pallaksch”, una expresión con la que se remeda el balbuceo de los niños pequeños. Celan alude a ello en el poema “Tubinga. Enero”: Si viniera, / si viniera un hombre, / si viniera un hombre al mundo, hoy, con / la barba de luz de / los patriarcas: / debería, / si hablara de este / tiempo, / debería / sólo balbucir y balbucir, /siempre-, siempre- / asíasí / (“Pallaksch. Pallaksch”). Era en un mes de enero cuando los altos mandos de las SS se reunieron en Tubinga para decretar el exterminio del pueblo judío.

Chantal Maillard

Y así tal vez del propio silencio se desprendan los pasos que nos lleven por los campos secos hacia la pira del horizonte, un pie arrastrando al otro (a riesgo de que el mismo silencio nos revele los secretos que no queremos escuchar). Comencé este texto preguntándome por las mujeres de la tierra, mis amigas y compañeras, por mi hermana; mi madre y las de nuestra clase, simples nombres de dulce compañía que en el fondo desconozco. ¿Por qué? Por el tiempo. ¿Por qué son diferentes mis poemas? Porque son diferentes los años. Esperar de los versos, de los gestos y de las facciones cosas idénticas de aquí a diez años atrás es idiota. Yo misma he cambiado mucho en los últimos diez años (y el por qué asumo que nadie me lo preguntará por razones obvias). Si al final, como dijo Teiller, las personas adultas no se preguntan quiénes son, sino cómo van a actuar.

Me pregunto por lo otro que nos sobrevivirá, por el cielo que no dejo de mirar ¿junto a quién todavía? Tiempos difíciles para lo humano. Para hacer tribu. Para la salud. ¿Qué significa la salud? Son los que se consideran sanos los que han llevado el mundo al borde del desastre en nombre del “bien”. Pero no quiero opinar. Yo quiero escribir y nada más. Invocando, como propia la pregunta de Hölderlin: ¿para qué poetas en tiempos de miseria?  Quizá Tarkovski haya tenido razón y el arte sería inútil en un mundo perfecto. Y por eso tengamos que trenzar la constancia buscando la armonía entre los seres. Sin más para regalar que un rugido de animal gastado en la garganta. Para regalárselo a quién…Esta nostalgia somática como reserva espiritual.

*

Abandono. Me detengo pensando en la tucura quebrachera que encontró el otro día mi hermano entre la leña. Una langosta gigante vista como plaga en nuestros territorios. Resistencia de alas azules contra el extractivismo agrícola, que enmascara su color a medida que migra de norte a sur como quien ha cambiado de lenguaje para silbar en el monte sin reparar en la tierra arrasada a su paso. No pertenece a ninguna parte, ninguna parte le pertenece. Suelta es parte de la variante pequeña voz del mundo;  porque en la Zona nadie regresa por el mismo lugar por el que entra. O acaso sea como profetizó M. Lérmontov: para quienes no tenemos patria no existe el exilio.

Sabrina Barrego.

                                                                                         Marzo 2021- 22 de abril de 2021.

25º Aniversario de la muerte de Jorge Teiller.

Bibliografía

Karina Lerman. Las hijas de Lot, Griselda García Editora, 2018.

Karina Lerman. Cayupán, editado por la Municipalidad de Las Flores, 2020.

Svetlana Boym. El futuro de la nostalgia. Antonio Machado Libros. Madrid, 2016.


La primera y segunda parte de esta crónica puede encontrarse en Los cuadernos pueblerinos (primera entrega) y Los cuadernos pueblerinos (segunda entrega) .

Genealogías y cartografías de autoras mendocinas

Por Sabrina Barrego

Se presenta una tentativa de genealogía y cartografía (en construcción) de autoras de Mendoza, tomando como período de tiempo textos producidos entre los ‘90 y la actualidad, ahondando en la diferencia entre esos conceptos y en el recorte como también la implicancia de los mismos en la escritura local y regional, pensando en un mapa federal dentro de la provincia. El abordaje del material se hace desde los estudios de género y del archivo de la revista La intemperie Mendoza (bibliografías y entrevistas a las distintas autoras) sumado a un comentario del trabajo de crítica literaria con una visión antipatriarcal.

Subrayado leído en la charla a partir de aportes recuperados y yuxtapuestos:

-Esta genealogía no es una lista de nombres sino presencias reales de escrituras plurales. No muestra ni esconde nada a priori. Está llena de agujeros como un cuerpo está lleno de órganos como parte de su funcionamiento.

-Dice Luciana Mellado: “Que cada lector(x) haga y deshaga los lados de esta poliédrica máquina según el umbral de sus órganos y su propia intemperie”.

-Esta reunión de voces muestra afinidades pero no busca la matrilinealidad ni los aires de familia entre los textos. Así podemos filiarnos con una mujer infértil como Alejandra Pizarnik, con una que parió fuera de la ley como  Alfonsina Storni o devenir guachas en la gauchesca (María Moreno).

-La tradición la entiendo hoy acá como el ser una con el lenguaje que nos compone, como el recorrido de palabras que compone a la humanidad, como el bien colectivo, la lengua materna que nos parió y nuestra potencia de perforarla.

-Lo nuevo: nada surge de la nada y ningún(x) hablante rompe el silencio universal, dice Elsa Drucaroff.

-Y la contemporaneidad como Elliot: todo lo que me toca. Dijo Odiseas Elitis: en la poesía como en los sueños nadie se muere.

-El armado de mi biblioteca como desobediencia “es la lesbiana que llevo adentro porque la buena hija es una yegua de tiro” (Rich-Woolf).

-Las tradiciones son selectivas.

-Y todo esto se organiza en torno a preguntas: ¿Literatura? ¿Escritura? ¿Literatura regional? ¿Literatura mendocina? ¿Tradición? ¿Nación? ¿Cosmos? Que se implican dialécticamente con el poder y sus fantasmas pero me niego a sembrar la raíz seca de la certeza.

-La patria es la infancia. Que cada lector(x) invoque las ficciones de paternalismos y parricidios que le sean propios familiares y necesarios.

-¿Qué monstruo vemos en el espejo? Que cada lector(x) se rasque donde le pique. Que cada lector cruce las fronteras y corte los alambres según su camino y su paso se lo permitan.

-El territorio que hoy presento es un recorte de la memoria espacio-temporal como escribe Josefina Ludmer: “no la memoria proustiana vivida en singular” sino como experiencia compartida una memoria del desierto donde todxs somos contemporánexs.

-Leo y escribo por deseo y necesidad contra la hostilidad general (no podría hacer otra cosa). Los poemas son oraciones dice Blok. Que cada lector(x) realice los ritos y herejías más cercanos a su santoral y su cosmovisión o sistema de creencias.

-La escritura de un lugar existe por quienes creemos en ella.

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

Genealogías y cartografías de autoras mendocina, a cargo de Sabrina Barrego, escritora, poeta y co-editora de la Revista La Intemperie. Sábado 27 de marzo. 19 horas, Sala Anexo MMAMM (Parque Central), Mendoza, Argentina. Encuentro en el marco del Mes de las mujeres, lesbianas, trans travestis y no binaries y de la muestra “Escribiciones de pueblo”.

El duelo objetivo y otro poema

Por Claudio Rosales

                                                                                                                                 
                                                                                                                                                                                
el duelo objetivo


cada poema
un talismán

un predador del llano
una poeta intimista
un conejo de granja

cada poema
eso

un pionero del vino
una rima oscura
un título claro

cada poema
una llave

una pared quemada
un galpón de linyera
una esvástica tachada

cada poema
eso

una grieta sectorial
un cerdo contestatario
una moda antigua

cada poema
un viejo

colado
en la fila
del mercado

cada poema
aduce

sobrecarga
laboral 
como cajera

cada poema
eso

solo.






una maldición al neoliberal (frag.)



          que tu oleada de novedades 
          se diluya a la luz del Sábado

          que a tus consignas 
          las derrumben topadoras  
 
               un kirchnerista moderado no es
                     nunca un peronista racional 
 
 

          que nadie te nombre más
                         que tu jardín sea 
               olvidado y 

          que Comités de Emergencia
               llenen de azafatas brígidas
                         tu insomnio
            
          que indolentes y racionales
               poetos te imiten 
           y el tiempo no tenga
                           kairós para vos

          
           que nunca cuente
          que te conocí
              refugiado bajo un puente


                   que tía Elsa te deje
            mensajes en la contestadora
          que te visite Richard, el tullido

           
          y jamás te acostumbres
          a lo que no es tuyo


            que siempre estés
              escondido disfrazado
                      de la Memoria

               que tiembles al oír
          “su lujosa locución
              original de indomable” (A.V.)



             que esperes hostil hosco
                          de trato difícil a 
                 Rubén Stagliano, el bufarra


              que pensiones y deptos
                del Centro  me echen
                   que Lancelot me pague

           que un mulero me venda
             libros rancios pero que no
                           tengás revancha

            que analfas y porigueros
               te usen de avatar
                            
               que se caiga Internet
               no hoy mañana
                  que no se caiga

             que un francotirador
               te tenga en la mira
               desde el hotel Astral


            que gente como vos
                opresores totalitarios
             sientan la mera nostalgia 
 
             que Ánimo y Consuelo
                no alcancen para 
                 asistirte
                  que te mientan tus mujeres
                 y tus hijas se arrepientan

                   por trueque mental
                       o por distintos pactos
                  con los ángeles y
             
             que el estilo de la época
               y el lugar no se te revelen
                por yuta salchicha.

                           ...
               
                     cuando el quiosquero
                          contó el dinero
                             va a cerrar y yo no              
                                    la voy a terminar
                           maldito neoliberal.

  

2021

Podcast # 17: Gustavo Zonana

Gustavo Zonana: Profesor y licenciado en Letras. Profesor de Literatura Argentina II (Siglo XX). Se ha dedicado al estudio de la poesía argentina contemporánea. Ha participado como jurado de concursos literarios entre otros, el Certamen “Vendimia” convocado por la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de Mendoza. Ha sido editor de la obra poética de Alfonso Sola González y Daniel Devoto. Ha publicado en las revistas Hablar de poesía (Buenos Aires); Fénix. Poesía; crítica (Córdoba) y Gramma (Buenos Aires). Ha obtenido el primer premio en el Primer Certamen Anual de Ensayo “La literatura argentina de los últimos cincuenta años”, organizado por la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de Mendoza, con el ensayo “Agonía de la palabra. Ricardo Herrera y las poéticas argentinas de las últimas décadas”.
Libros: «Síndrome» (El Andamio, 2016), «Series» (El Andamio, 2017)y «Sueños/ Emblemas» (Ediciones de La Luna Roja, 2019).

………………………………………………………………………………………………………………………………………. ………………………..
Estilos es del libro «Síndrome» (2016).
…todos tenemos un poco y Ogro de entrecasa son del libro «Series» (2017).
Voz del que llama en el desierto es de «Sueños/ Emblemas» (2019).
Los santos inocentes es de «Pregunta» (inédito).