Una belleza hiriente y dorada

Sobre “Un corazón atravesado por una flecha flacucha y sangrienta” (Promesa editorial, 2022), de Clara Del Valle.

Por Gabriela Pignataro

¿Se escribe para conocer el reverso de las formas o para inventar esa palma invisible? Escribir es fundar: la tierra después del vacío, el temblor del desastre, la suavidad bajo el sol. En el primer poemario de Clara Del Valle se despliega un paño de revelaciones: como esos paisajes que, en la lejanía, verdes, hacen fulgurar las pequeñas luces extrañadas en la intemperie. La revelación no es siempre un facón plateado en la negrura o el gran estallido, sino, más bien, un breve destello, la dentellada mínima sobre una superficie tersa. Poemas que gravitan el artificio del lenguaje: la traducción inexacta de la experiencia, las convenciones y convulsiones sobre el Eros y el deseo. ¿Cómo escribir otro manifiesto sensible, en una época prescriptiva, hasta sobre los propios cuerpos? ¿Se puede desear sin el espejismo, la ilusión, sin un lenguaje que erosione los bordes de las distancias?

Una belleza hiriente y dorada, son los poemas que desafían la demolición, la casa y el recuerdo, el lento desplome después del amor: las paredes y sus señas, los objetos rotos, la maleza y la flor, las palabras y las cosas, siempre un mapa. Hay una torre que se cae, se escombra verso a verso y se vuelve llanura de restos y pequeños tesoros ¿Con qué materia preciosa quedarse y cuál arrojar al baldío de lo que ya no se habita? La respuesta está en el ritmo vital de una lengua que se atreve a palpar el tiempo destemplado y canta: Vas a sembrar el tiempo de la sombra / Voy a cosechar el fruto, el beso, el abrigo / y la hiedra.

“Un corazón atravesado por una flecha flacucha y sangrienta” nos descubre una voz poética que construye su fuerza desde la pequeña insurgencia, como las flores, como la hiedra.


Selección

CONVERSACIÓN EN EL PARQUE

                                                                                  A Tamy y a Pocher

Entre el deseo y los cuerpos 
hay signos, tratados y notas al pie. 
En los anaqueles de la historia erótica 
se acumulan enmiendas, tachaduras frenéticas 
donde el cuerpo, el papel, la lengua y hasta la mirada 
resultan ilegibles de tan borroneados. 
Ya casi no queda lugar para trazar lo nuevo 
y dibujar una flor en el margen 
o un corazón atravesado por una flecha flacucha y sangrienta. 
Tal vez nos quede escribir 
instructivos sobre el disfrute de las propias cuerpas, 
entregarlos prolijamente al pie de la cama, 
como se entrega el programa de una representación 
absurda a cambio de nada. 
En rojo, un aviso: “De succionar con demasiada presión las tetas 
o encarnizarse en la apertura olímpica de nalgas, 
será sancionado con todo el peso de la ley mil y pico, inciso 
[nosécuánto                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            
o en su defecto con una mirada penetrante, tal vez triste, usted [elija.” 

De este lado yace un cuerpo en su máxima tensión 
un papiro manoseado y valioso 
una hoja que tiembla mucho antes de que la toque el viento.


*

OFICIO

alguien pronuncia mi nombre
soy una demolición en suspenso
José Sbarra

Esa mañana oí caer
la pared que levantaste 
con más fe que certeza
pacientemente hace años.

Colocaste ladrillo sobre ladrillo
a veces alguna piedra 
que emparejara un terreno virgen.
Te entregaste a la tarea del constructor
el que gana en visión
gracias al oficio de construir
edificios sólidos para cuerpos frágiles. 

Cuando la creíste terminada
colgaste de ella adornos y promesas.
“Hay una herida aquí, un espejo allá:
todo está en su lugar.”

Una mañana de septiembre, 
el aullido de los perros: el sismo.
Las grietas tomaron la forma de una raíz enorme.
Fui testiga de las patas del gorrión posándose al alba 
en lo alto,
           del estruendo sordo,
           de la montaña recién nacida. 

–¿y qué hacemos ahora con tanta ruina salvaje? – me preguntaste
de rodillas frente al derrumbe.
Lloraste
y no sabía si por la pared o el pájaro. 
Ya no importaba.
Nada encaja otra vez en su lugar.
Las piezas ahora parecen dinamita fresca.
–Hay que alejarse – decís – 
algo late bajo los escombros 
y el suelo me marea. 

Te sigo hasta donde permiten mis piernas.
Vas a buscar otro terreno en desnivel, 
vas a trazar un plano oblicuo, 
vas a emplear hierro, adobe, barro, 
plantas, vidrio, cemento
en tu nueva fortaleza. 
Vas a pedir ayuda, 
vas a saber de otros temblores
y de las caídas y los derrumbes.
Vas a sembrar el tiempo de la sombra.
Voy a cosechar el fruto, el beso, el abrigo y la hiedra. 

*

EL NACIMIENTO TRÁGICO

El nacimiento trágico de la mariposa 
fue anidar meses en su capullo 
bajo la lluvia el frío la helada y el sol 
en una esquina del jardín
bajo el limonero.
Fue camuflarse durante meses 
parecer otra cosa muerta 
una basura olvidada
para no sugerir belleza y magia.
Nada ni nadie debía sospecharla.

El nacimiento trágico de la mariposa tigre fue
decidir nacer una mañana de septiembre
a la vida al sol al calor a volar 
fue romper el capullo lentamente
mostrarse envidiable única amarilla y negra.
Fue encontrarse cara a cara
con la mirada verde y rapaz del gato blanco 
que no permite que nada 
ni nadie
en ese jardín viva o muera sin su consentimiento.

El nacimiento trágico de la mariposa 
fue ahí en ese instante
en el que la pata blanca decidió destrozar sus alas
sus ansias enhebradas por meses
su belleza hiriente y dorada.

Clara Gabriela del Valle es poeta, editora y docente. Coordina, con su tocaya viceversa, Gabriela Clara Pignataro, los talleres y clínicas de obra de Bajo la araucaria. Los feriados sube a las montañas de Mendoza a darle revancha a la metáfora. Este es su primer libro de poemas.

Contactos:

@lareina_de_lxs_lagartxs

delvalleclaraletras@gmail.com