Adelanto de Fumadores (Juan Breccia)

Por Juan Breccia

Algo nuevo, algo usado, algo prestado, algo azul y una moneda en el zapato.

Este libro nació del deseo de tomarme un tiempito, de cebarme en algo cuando el mundo colapsaba y yo solo tenía responsabilidades horribles, era declarado esencial en un contexto donde prefería no serlo, y creo que por eso las reseñas sobre el pucho son fundamentalmente un acto de enojo, porque  básicamente alimento el deseo de que la gente fume en un contexto donde una enfermedad pulmonar acecha a toda la población, pero que luego fue convirtiéndose en otra cosa: como una caricia a mi novia, o un guiño a mis amigos y a la gente que admiro mucho.

Lo que empezó como un mal (las escribía escondido en una computadora mientras atendía viejas por teléfono que tenían el lavarropas descompuesto, o en el celular mientras preparaba pedidos entre placas y cubas viejas), siguió como un juego: empecé a dedicarlas y a generar cierto tipo de emoción comercial, las publicaba en un horario que consideraba apropiado para leer una reseña, de mañana. Escribir y publicar instantáneamente abrió el eco del retorno que es importantísimo, y mantuvo el tráfico que me sostuvo entusiasmado.

Desde la tercera ya era un ejercicio de estilo, investigué un método de cinco párrafos convencional que no respetaba (hasta hice una reseña de cómo reseñar), trabajaba en oraciones que definieran los párrafos, flashaba. Estudié, pero leía y olvidaba y así, no me interesaba saber del tema en realidad, no me interesaba tener errores o inventar datos, solo quería desarmar lo que habían hecho otros y hacerlo de nuevo, a mi modo.

Después obvio tuve un desapego, escribí como veinte reseñas o más, porqué empecé a desechar, a copiarme, hasta llegar al punto en que me parecieron una gilada, y pensé que, después de haber tratado de publicarlas o que me las publiquen, o de conseguir un laburo de escritor, qué se yo, no iba a pasar nada.

Pero tengo un amigo ingenioso, que se llama Juan Manuel Ceballos, que trabaja en una imprenta, que es escritor, editor, músico y todas las cosas que él no define pero practica, que dejó de fumar y fumaba mucho, que me ayudó a hacer esto que quedó, y que me imaginé y fue mutando y corrigiéndose, y fue dándose algo que se imaginó también en parte por mis amigxs, mis hermanxs, y todos los que me metieron en la cabeza la idea de que estaba bueno y que tenía que hacer algo con eso.

Recién hace relativamente poco las releí en serio, y las pude corregir y escribí tres  nuevas que van en esta publicación y que creo que se pierden entre las otras. Sin esos seres que me agitaron el avispero no hubiera logrado lo que pasó, fue importantísimo para darle un broche final, y ponerle un moño a ese ejercicio.

Después si hay algo que agregar en torno al contenido, es que dentro de las reseñas que dediqué, que creo que son las más importantes, hay un deseo de gustar, y una especie de subgéneros ocultos que quizás puedan identificar.Y que sin querer, todo terminó encajando en una máxima que rige la escritura para mí: tener algo nuevo, algo usado, algo prestado, algo azul y una moneda en el zapato.   


LOS CULTORES DEL ARMADO

Dentro de la industria del tabaco hay un mercado especial para quienes fuman armado. No solo coexisten una gran variedad de marcas, sabores y colores, sino que incluyen instrumentos para su consumo. Fumar tabaco suelto rompe con la ecuación simple de encendedor + cigarrillo; es una fiesta de maquinitas para armar, filtros, pipas y narguiles y de especificaciones tipo: no es lo mismo el tabaco para armar que para pipa. La hebra debe conservar la humedad y requiere cierta picardía estética mantener 30gr de tabaco en buen estado.

Es por eso que los paquetes de tabaco ostentan un gran diseño, el papel, el cierre hermético de las bolsas, que en general tienen buena calidad, excepto por algunos como Richmond que parece más una advertencia que una invitación.

En la Argentina las marcas más consumidas son: Las Hojas, Van Hanssen, Sauvage, Arlequin, Puro Argento y Flandria. Eso indica que, en general, se fuma un rico blend de tabaco Virginia con notas de chocolate o vainilla, que hace de este modo de fumar una opción para aquellos que buscan precio y calidad. Aunque los números son dudosos, esto es la excusa de ese grupo de exiliades del cigarro industrial: progresistas, kichneristas, troscos, feministas, mutantes, maricas desintoxicadas que cambiaron el industrial por el armado. Por salud, por plata o por una nueva proyección ética sobre los hábitos y la industria del placer, en fin, si fumar es una experiencia, fumar armado es otra, que incluye permisos de los no fumadores, acoge a los negacionistas, divierte a los novatos y reduce el daño.

También tiene su contracara, a veces el cigarrillo queda mal compactado, el kiosco te lo vende seco, se te acaban los papelillos, te convidan uno pero sin filtro, nervioso y lloviendo es más difícil armar y no se puede armar y caminar.

Menos alquitrán es menos sabor, es como comer un chori en tu casa o comer un chori debajo del puente. Si te sale, entre fumar Red Point o fumar Van Hanssen, el armado es un 10.


Juan Breccia nació en Mendoza, Argentina, en 1992.

Edición: Juan Ceballos.