La universidad de la tierra

por Carolina Simón

Del 23 al 29 de julio del 2017 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, se celebró el segundo festival CompArte por la Humanidad convocado por el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional). En CIDECI Unitierra (Centro Indígena de Capacitación Integral/ Universidad de la tierra) y caracol Oventik (Territorio Autónomo Zapatista), durante toda una semana compañeros Zapatistas, artistas participantes de diversos países y asistentes nos encontramos a compartir nuestro hacer y pensar juntos. La experiencia en sí es extraordinaria y conmovedora, una semana a puro corazón y piel sensibilizada. Una semana con la posibilidad de mirarnos y mirar las artes desde otras perspectivas. 

Los primeros cinco días en CIDECI Unitierra se llevaron a cabo infinidad de actividades artísticas: artes plásticas, teatro, música, poesía, danza, audiovisual y más. Un enorme programa a diario para encontrarnos, pensar, conversar y mirarnos a los ojos.

Las propuestas artísticas no se limitaron a formatos ni estilos predeterminados por los campos del arte; no se debatieron entre modernas o contemporáneas, ni se ajustaron a cánones normativos y/o académicos. Las propuestas se rebelaron dentro de las estéticas de la emergencia, obras en su mayoría colaborativas o colectivas donde pensar lo político y el arte en acción fue y es pensarnos en una configuración nueva o, al menos, una configuración posible para abordar la herida y lo que hacer en relación a las violencias impartidas por el sistema capitalista.

La gráfica tuvo preponderancia y, en este sentido, reseña la tradición del grabado en México, tan abundante, revolucionaria y rica en técnicas, imágenes, discursos.

Todas las propuestas tuvieron en común el arrojar mensajes comprometidos con las urgencias sociales y políticas.

Los temas recurrentes se dirigían a denunciar las desapariciones de compañeras y compañeros en manos de los malos gobiernos y de la violencia de género, a recordarlos (entonces Santiago Maldonado no estaba desaparecido) y a seguir luchando por nuestros derechos: el derecho a la tierra, a la comida, al agua, a la salud; el derecho a vivir en un mundo no podrido y contaminado; el derecho de la mujer a seguir siendo mujer sin violencias explícitas o implícitas; el derecho a elegir y vivir libremente nuestra sexualidad; el derecho a manifestarnos sin que nos maten; el derecho a ser indígena, negro, blanco, mestizo, mujer, trans y no morir en el intento; el derecho a divertirnos, conmemorar, abrazar. Todo tema estaba abierto, de todo ello conversamos: desde la catarsis a la fuerza de acción oscilamos a diario.

Durante estos días, mujeres y hombres de las BAZ (Bases de Apoyo Zapatistas) representando a sus comunidades autónomas, asistieron a cada propuesta, participaron de muchas de ellas y conversaron con los artistas. Recorrieron, observaron e hicieron sus preguntas sin rodeos, sin complejidades conceptuales, siempre al centro.

Las preguntas se dirigían a indagar en las técnicas de trabajo, en el tiempo que lleva hacerlo, en los contenidos, en pensar precisamente en la posibilidad y efectividad de que el arte acompañe con su insurgencia esta digna revolución.

Las mujeres y hombres de las BAZ caminan lento y hablan con calma porque saben algo que nosotros no. Conversar con ellas y ellos es hermoso y potente. Es rearticular y resignificar un universo de teorías aprendidas porque de pronto las encontramos aplicadas a los días, a la vida, a los sujetos.

Se percibe en ellas y en ellos una profunda serenidad y convicción; saben que están generando conciencia en organización colectiva, que están luchando a diario por una vida digna donde hay lugar para todas y todos.

Sobre el CIDECI Unitierra

El Centro Indígena de Capacitación Integral/ Universidad de la Tierra tiene un objetivo concreto: a través de diversos talleres, cursos y seminarios, enseñar a mujeres y hombres a vivir con derechos y dignidad: dignidad de un saber hacer, dignidad de aprender y enseñar, dignidad que da un espíritu y concepción colectiva del mundo, dignidad de un ser humano que se sabe parte de la naturaleza y que entendió que cuerpo y tierra son uno y se cuidan mutuamente.

Así está construido este centro, con dignidad. Diversos salones, talleres, auditorios, baños, cocina, mesas, bancos, sillas. Todo es sencillo, confortable y lindo. Hay naturaleza y color; hay pintura mural y consignas; hay revolución y amor en este sentido.

Entrar a Oventik

Los últimos dos días los compañeros Zapatistas nos invitaron al caracol Oventik, allí fueron ellos los que mostraron sus recientes trabajos artísticos. Al llegar uno se encuentra con dos carteles: de un lado de la carretera, justo frente al ingreso, uno dice: «PARA TODOS TODO, NADA PARA NOSOTROS, MUNICIPIO AUTÓNOMO REBELDE ZAPATISTA, ESTA ES NUESTRA JUNTA DE BUEN GOBIERNO CORAZÓN CÉNTRICO DE LOS ZAPATISTAS DELANTE DEL MUNDO, ZONA ALTOS», y el otro: «BIENVENID@S AL COMPARTE ZAPATISTA, CONTRA EL CAPITAL Y SUS MUROS TODAS LAS ARTES».

Así uno llega eso es lo que lee, y la piel se estremece.

Al entrar por la calle principal una vena abierta conduce hacia un gran espacio que se abre entre verde, sierras, niebla y cielo. Allí los compas mostrarán sus obras. A los lados de esta calle principal se encuentran las oficinas del buen gobierno. Sencillas y concretas sus consignas en los muros: «Oficina de mujeres por la dignidad», «Tienda colectiva de las/ los tercios compas», «Sala de Urgencias», «Tienda de insurgentas e insurgentes del EZLN», Oficinas de los Consejos Autónomos, Escuelas Primarias y Secundarias Autónomas Rebeldes y hay más.

Los compas zapatistas han preparado muchísimos trabajos: desde los distintos caracoles presentan artes plásticas, teatro, poesía, música, danzas. Desde temprano, con lluvia o sol y sin velo alguno, repasan la historia de sus ancestros, de la esclavitud, la colonización y la dominación. Confrontan sin rodeos y sin retorno con el capitalismo; nos hablan de genocidios y torturas, de todas las violencias que el «pinche sistema capitalista» ejerce sobre nosotros, las violencias que reconocemos y las que no.

Nos hablan del poder de organizarse y saberse sujetos de derecho, de la urgencia de despertar y mirar sin velos. Rememoran historia para mostrar y comprender que no estamos desprendidos ni desconectados, que con la memoria se construye, se organiza y se crea. Esa es la digna rabia.

La honestidad brutal, la palabra directa, no hay tiempo para la metáfora. Es la estética de la urgencia y de la práctica donde el cuerpo se expresa libre tras generaciones que se enfrentaron a la esclavitud, tras años de realizar un fuerte trabajo cultural generando conciencia para volver a pararse ya firmes, más altos, con un cuerpo que goza y confronta, que demanda derechos humanos, los práctica y lucha por ellos, por eso la calma, por eso la serenidad, por eso las ciencias y las artes. Porque la batalla es cultural y ellos lo saben.

Participar del CompArte, estar en CIDECI, entrar a Oventik.

La experiencia tiene sentido más allá de la geografía y de la «curiosidad» por los pasamontañas o los paliacates. La experiencia tiene sentido porque nos modifica adentro, nos abre la grieta, la herida del cuerpo y eso nos transforma. Así de complicado es acercarse un poco al zapastismo; se empieza a pensar y a sentir con coraje y amor al mismo tiempo y, sin saberlo bien, se lleva puesto, se encarna.

Allí nos encontramos muchas y muchos, en el borde mismo como sitio de acción. Allí nos hermanamos y acompañamos. Intercambiamos obras, concepciones. Allí nos espejamos y confirmamos que somos muchas y muchos los que NO nos adaptaremos a este sistema enfermo y comprendemos que hay demasiado trabajo por hacer, hoy y con todo el tiempo por delante.

Allí confirmé una vez más lo fecundo del arte frente a la amenaza constante de este sistema por disolverlo todo. Con las artes se confronta y se hace política, con las artes se abre la grieta y generan perspectivas posiblemente constructivas. Es que el arte, en este sentido, actúa como mediador entre la fragilidad de la condición humana frente a la violencia y al desamparo de los malos gobiernos. Sabemos que la batalla es cultural, que consiste en generar conciencia, en evidenciar cómo el sistema capitalista, en sus miles de expresiones nos movió el interés, nos desplazó la dignidad. Es en este sentido que el arte, las artes, son modo de conocimiento. Y cabe preguntarnos tantas veces como sea necesario, ante los olvidos, ante la confusión, ¿qué papel cumple el arte en relación a la memoria, a las violencias, a la construcción de otros mundos posibles?

Agosto 2017, Chiapas, México.