escombros*

Por Claudio Rosales

treinta y dos minutos
de las nueve de la mañana
tres nubes como letras desparramadas
despeinadas vocales entre despatarradas consonantes
consortes en pena los espacios abiertos
con puntos y coma
sintaxis vehemente
en el lector
dormir es perder
el poeta trova en
un bosque bajo del piedemonte,
zorros insondables
jarilla y piedra.
un ducto inducido por cartitas
de criolla y gorda meretriz
que toma y toma porrón
en la combi donde trabaja.
        lugar sin caballos, ni china o
        guacha galleta seca en una mesa,
        el pelo se le torna cano al Maravilla
        punta o parva de años de cabecita golpeador
        costumbres adquiridas en los rescoldos.
        la hechizada echa cenizas de posibilidades cosa que
        en el bosque del cuento la víctima victimice mucho
        cierta mueca de la del semblante de testimonia
        la vecina de gesto indignado.




los días y cielos del Norte donde los
celosos comen empanaditas de ñaca,
quinieleros tras los sueños del Vercelli
que hasta ayer fue rudo y anti rati.
las noches en cíclico círculo de fisura electrónica
la zorra púrpura y las uva verde
matufia opa que impone impuestos
y control poblacional.

funcional y estresado murió por contagio,
iniciales en una pared de estación de micros
manterita presumida sentada chola, ese perro tuyo.
y poeta uraniana en los rieles decidida
o dudante de seguro entreverada

    ¿en qué andará el  petiso que me                                               
             regaló un collar de choclos,                                                                       
                  allá en la placita del Resguardo?
                                                                                  
                                 Ora                                    
                                 Mar                                   
                                 Alba

        tengo un caballito y todos me vieron
        pasear montado el
        desnudo como un indio
        y llamaron al noticiero. 
        nadie me preguntó qué me pasa
        ni Monasterio ni Galdames
        tipos con insomnio y vino malo
        inmunes a la tecnología y la comunidad.
        represores quedados, obsoletos y reales
        como un libro de poemas encuadernado en cartón.

       travez  la perra perdida circula en círculo
       luego del incendio como migrante prima de la nostalgia
o la sombra angelar ante el cuerpo del Changarín
que yace en un limbo de vanidad y naturaleza alterada
como un río seco de máquinas rotas amontonadas
en la ripiera a la intemperie         destellos de la escarchilla.




*Rosales, Claudio. las heras y otros poemas. 2ªed . adaptada. Mendoza: Camusu, 2020.