JALADA ENTRE DOS MUNDOS

Sobre Apertura del primer cuarto:la naturaleza de las cosas, de María García.

Por Sabrina Barrego

Mi destino no está escrito en las líneas de la mano,

está en el Universo.

Lo rigen el tiempo y el espacio:

la gigantesca espiral de la Historia:

ese milagro.

Glauce Baldovin

Raúl Zurita, en el documental Veras no ver (2018), dice algo acerca de los matices del desierto: como si, de alguna manera, las tonalidades de nuestras pieles imitasen las de la arena y la piedra. No somos de los colores de la selva amazónica, dice. Como si habitase el alma humana en todas las partes de la tierra seca. En todas las cosas.

Mucho se habla sobre el desierto en este territorio. ¿Y si fuese, tal vez, que el desierto nos habla, que las piedras nos chillan? Si somos una parte viva del paisaje, viviéndolo.  

aproximarse a la naturaleza para, a fuerza de lo habitual huirla; después, entre esa huida y este aproximamiento, fijarse, centralizarse, como en un punto de intersección…, dice la cita de Saint Pol Roux que abre Apertura del primer cuarto:la naturaleza de las cosas (ANTI ediciones, 2014), de María García (Mendoza, 1974). Una invitación a descolocar(se), a dejarse habitar y (des)habitar. A no luchar contra el movimiento. Un viaje poético hacia las entrañas de la geografía sagrada de lo más austral del Tahuantinsuyu; el imperio del sol, se dice. Un relato de las enseñanzas en la vía extática junto a las plantas maestras: coca, wachuma, willka y tabaco, se dice. Una historia de amor transpersonal y, finalmente, de terror, se dice.

Un libro de profecías.

*

En agosto de 1993,  Raúl Zurita manda cavar en el desierto de Atacama su micropoema «Ni pena ni miedo»; según él mismo, la imagen más profunda y exacta de lo que es el alma contemporánea: su aparente nada, pero para la cual basta un cambio de luz al ponerse al sol para que se transforme absolutamente en otra cosa. El autor graba el dolor del pueblo chileno y de la humanidad en el desierto, tal y como él mismo imprimió su propio sufrimiento en la mejilla cuando se la quemó con un hierro ardiente en 1975. Así, con este acto poético estableció un vínculo estrecho entre el cuerpo y el espacio rompiendo las barreras del poema escrito en un papel.

María García, por su parte, nos habla de lo ritual y su enseñanza tradicional, de maestrx a discípulx, oral y presencial, que vendría a asegurar, por medio del cuerpo inteligente, la realización precisa de actos necesarios para la supervivencia de la comunidad en un lenguaje simbólico permitiendo la permanencia dentro de un rango de flexibilidad común a toda sustancia viva. Entonces, con diferencias abismales de cosmovisiones, pero místicos ambos, llegan a un punto muy similar por vías  disímiles. Así como Zurita escribe en la inmensidad de la arena y de la roca un poema breve, esperando que el tiempo y los elementos hagan su trabajo corrosivo, operándose de los sentidos de la verticalidad y la horizontalidad porque lo que está en el suelo solo puede ser visto desde las nubes y lo que fue escrito por una mano será tallado por el eco de un territorio y los pueblos que lo habitan, García repite los ritos con las plantas maestras, descomponiéndo(se) y recomponiéndo(se), una y otra vez, para hablar con la inteligencia del cuerpo (porque el ritual es la sustancia viva transmitida de mano en mano por las generaciones, viviendo).

*

Este es mi un libro que me causa el mayor respeto, ya que al releerlo, pareciera reecribirse frente a mis propios ojos, como si estuviera en sí mismo vivo, como si fuera un centro de actividad que se autoorganizara y De rerum natura se estuviera reescribiendo. Es porque las experiencias vividas que condujeron a la escritura de este libro no se refieren a una serie de hechos cronológicos dentro de un rango geográfico definido, sino que me condujeron hacia la posibilidad de profundizar en una serie de rupturas de niveles que me llevaron a devenir otra, a veces sin la necesidad de moverme un milímetro. Y la escritura en sí misma no fue un concomitante utilitario, sino que excede los hechos, desbordándolos, como dice uno de los poemas del libro:

la vida es más de lo que aparece vivo:

la hipernovela de la materia, yo diría.

[María García.]

En Conocimiento por los abismos (1961), Henri Michaux habla de la compleja y continua redistribución de la sensibilidad que opera en lxs sujetos en relación con la ingesta de algunas sustancias. Habla sobre todo de la mescalina; neta, brusca, brutal, predestinada a desenmascarar lo que, en otras, permanece envuelto; hecha para violar el cerebro, para “entregar” sus secretos y el secreto de los estados raros. Para desmitificar. Y presenta luego una acumulación de rasgos a propósito de la intoxicación con esta: la violencia de la luz, el blanco, el centelleo, la muchedumbre en la consciencia: multiplicidad de formas, puntos e imágenes, la coexistencia de tiempos y espacios. La atención y las captaciones rápidas y claras, y las facultades paranormales, revelando incluso a veces el don de la videncia y la adivinación.

García remite a la Wachuma (entre otras plantas) también conocida como San Pedro o como el cactus de la carne caliente (dicen que por la impresión que para un principiante causa poner la palma de la mano sobre su cuerpo cortado al medio: la pulpa está caliente y palpita, como el cuerpo de un animal) cuyo principio activo es la mescalina.

Por su parte, en el poemario se abigarran finas capas de imágenes sensoriales ondulantes, oscilantes, vibratorias; flores amarillas saliendo de la panza, la jarilla dorada, el libro blanco, huesos que brillan. La repetición constante, una especie de loopeo que no es automatismo: el cóndor (que) nos mira de una sola manera, nosotros de muchas… las sociedades tradicionales (que) se sentaron miles de veces sobre las mismas piedras. Las grietas, las ruinas. La percepción del tiempo modificada:

Nunca pienses que es el Día porque

la Noche mana.

Así como el día se conoce en la noche, no en la mañana.

El día es otra cosa.

Se nos presenta un estado de alucinación permanente, aparecen las visiones random de ornamentos y de muecas, caras gesticulantes, bocas como campo de conocimiento, la risa y, también, su anverso ominoso:

pinté sus labios hace 20 años atrás

con saliva lo hice sonreír.

Pintarle los labios, en la foto

Hacerlo sonreír,

Reír ahora no es presente

Buscando el trance.

Animales gigantes. Todo lo que se alarga. Todo lo que toma forma de montaña. Vertical. Triangular. Todo lo que se atelaraña. Y la alternancia, entre verso y prosa, Día y Noche, el amor y el terror, un deseo y el otro (yo y lo otro), lo de afuera y lo que entra, machoyhembra, entre versificar y no versificar.

en mi mente retumba la willka

enternece mi corazón el achuma

inspecciona el mortero la araña

no tengo deudas

escucho y reparto al mazo

Y el infinito, en la reflexión, en el sentimiento, en la presencia y la proximidad. Ay amigo, que poderoso es el instante, que efímera es la eternidad a tu lado (García). Escribió William Blake: Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito. Y si es cierta la capacidad de ciertas maestras de concedernos algunos saberes, qué bien que este registro, entramado aracnoide con una tradición de literatura psiconáutica en este territorio, haya sido escrito por una mujer.  

Para el agua del desierto hay que tener corazón jugoso y verde…

Siboney, en tu boca

La miel puso su dulzor.

[Ernesto Lecuona]

A diferencia del espacio geométrico de la cartografía, en un paisaje siempre hay alguien que mira desde algún lugar. Pero, entre lugar y sujeto, entre el punto de vista y el cuerpo que viene a habitarlo, hay grados de distancia que la escritura del desierto no deja de explorar. Desde el punto de vista del vacío, nadie ve porque pareciera que en el desierto nada existe que valga la pena de ser mirado; no hay acontecimientos porque nadie da cuenta de ellos o, lo que es muy común, la observación se hace desde una jerarquía; entonces el espacio se convierte en un dispositivo de representación visual o literario generador de ciertos discursos. María García rompe con este pacto colonial. Es ella misma una parte con el todo. No lucha contra el movimiento ni modela el lenguaje en una pasarela larga. Practica un poco de eso que, como le dijera O. Lamborghini a Fogwill, no publicar antes de empezar a escribir y de escribir para aprender a escribir con la boca cerrada. Y al vituperado desierto, lo deja Ser en la dimensión textual; le da (si es que puede dársele) la palabra hasta el punto de que éste destituya a la primera persona del punto de vista, como si no estuviera pasando más que el propio espacio como acontecimiento.

Reyna del ]iempo, ajenjo, hoja que escribe, piedra anima(l)da, alguien/algo que blablhabla, el temblor de una voz que no es la suya, tras el pututu y la piedra reina tercera curandera… El yo lírico muta, se despiela, se deshace en gestos rítmicos, en mixtura entre el pop mundano y lo cósmico*; en una pseudoautobiografía con runa en los cerros y las lagunas o espejos de agua. El ritual es reescribir con letras blancas sobre el libro blanco. Revisitamos, un balance, reseteamos el verbo./ Agraciados somos porque es lo que es, porque acullico y mishiquipamos. Y se pregunta:

¿Soy yo la de los plan

es o el uni

verso?





Leo y pienso en Eisejuaz (1971), la novela de Sara Gallardo donde el protagonista es una subjetividad masculina, un sujeto trágico: un indio que oye voces que vienen de otro lado (del viento, de las nubes, del avión, del río, de su corazón, etc). Un sujeto múltiple que se refiere a sí mismo como Yo, Eizejuaz, Este también, que se nombra a sí mismo como un yo y como otredad. Hay algo del orden de la fe, una vocación mística en el hecho de no entender del todo a ciertas voces, ciertos gestos –la comunicación sin palabras-, pero de obedecerlos lo mismo porque marcan un destino. Ser llevada a donde quiero ir es la mejor forma de ser siendo, escribe García. Y también: Cada ser que se cambia de lugar, el mundo la tierra la mesa la enseñanza cambia lo aprendido(como si las plantas, las rocas, el polvo, todo aquello que no se mueve, al vernos pasar animales y humanos no pudieran percibirnos por un tema de velocidad. Así, otros nos ven a nosotros, tan quietos, ellos mucho más veloces, de otro tamaño, otra organización y nos conocen, como nosotros podemos ahondar en nuestro conocimiento de las plantas y las rocas. Nos conocen, nos cuidan y nos destinan.

No es coaching ontológico, no es chamanismo de Chacras, no son gualichos blancos citadinos debatidos entre el tarot y la terapia de grupo con ribetes cartesianos. No es una impostación de ruralidad.  Apertura del primer cuarto… es un texto literario con una consciencia propia: mística, indisociable del lenguaje que lo conforma. El poemario está centrado en la construcción de esa voz, y en ese sentido se entreteje en sincronía con la tradición de Charles Baudelaire, Ambroce Bierce y Saint Paul Roux. Es el lenguaje, en el estado de la creación o en el silencio que se escucha cuando se escucha a una misma o a las piedras. Apoyado en la experiencia arrojada (hiper-conectada) de una corporalidad, una piel, que en su mala memoria necesita la práctica, el ritual y la performance continua para construir teoría a medida que avanza, se deshace/desase en eterno presente … Una cuestión de filo en los órganos de la percepción y del dolor que eso conlleva. Como dijo el músico Nick Cave a propósito de su disco Ghosteen: Quizás la tristeza sea el reconocimiento de que el mundo es realmente hermoso, que nos cabe dentro de la palma de nuestra mano y que su belleza está disponible para todos, si solo tuviéramos ojos para ver. La poeta -haciendo las veces de hamawt’a– nos entrega su relato como un testimonio subjetivo, personal, barroco, incluso cuestionable, pero honesto y eso, sobre todo en este momento histórico, ya es bastante.

2020

*https://www.idea.me/proyectos/14799/apertura-del-primer-cuarto

Bibliografía

Gallardo, Sara. Eisejuaz. Sudamericana, 1971.

García, María. Apertura del primer cuarto: la naturaleza de las cosas. Mendoza: Anti, 2014.

Michaux, Henri. Conocimiento por los abismos. Bs.As.: Sur, 1972.

Rodríguez, Fermín A. Un desierto para la nación: La escritura del vacío. Bs. AS.: Eterna Cadencia Editora, 2010.

Saint Pol Roux. Ideorrealidades. poemas y papeles dispersos de la Obra Futuro. Bs.As.: Editorial Descierto, 2013.