Elefantes de Uruguay

Por Claudio Ferreyra Barro

Despertamos en el refugio casa caracoles distraídos por el horario de llegada, la tarde serpiente nos la hizo larga a la entrada de Montevideo y terminamos rocosamente acomodados en un largo carnaval. El olor a mar es un poco el olor al mundo, la envidia de los charcos, el pasto de los ahogados. El mar estaba sonando. La otra mar era junco del Auca Mahuida yendo de un lugar a otro, mudándose. Entre tanto, montones de niños embrujados de sal, amontonando medusas en torres de gelatina salada. Para la llegada de medusas a la costa, los hombres las mujeres los niños y los ancianos sin animales más que el degollado para la carne, ofrecen a la negra longitud partes del mundo de tierra. Nosotros, seres del desierto, manteníamos la greda del carácter en nuestro silencio y nos comíamos las sandías que sobraban en los enterraderos. Esa noche no era de dormir. Sentados como a la orilla del río, entre humus de lombriz y acicalados bancos, en la Intendencia de la 18 de Julio y sus escalones de piedra, se esperaba que aclare. Saludamos a los vecinos. Mi compañera tomaba el tren para Tucumán; antes de irse  me pasó un par de fotos del viaje que ahora se dividía en dos. Cuando el abrazo es como un elefante, enorme por la densidad del gesto en edificios altos, en terrazas húmedas en pajonales, ciénagas y gualeguaychues de parques libres.

La fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente, escribe Barthes en su tratado del tiempo La cámara lúcida. Una de las fotos de casa caracol contrastaba con fuerza con los caracoles de Punta de agua y la cantidad de damascas altas de frutos atléticos. En las playas de La Paloma, en el departamento de Rocha, las algas que el mar descarta tienen forma de huevo de gallina. Allí dentro en un vientre traslúcido y viscoso flotan pequeños caracoles.

Horas atrás, antes de encontrar lo que iba a ser nuestro refugio, mi compañera fotografió dos avestruces en un campo cerca de donde la ruta se divide; luego de tomar la foto dijo que había fotografiado dos elefantes pequeños. Tierra de nubes parientas de los mastodontes, Pan de Azúcar humeaba en un costado. Los avestruces cuando abren las alas parecen elefantes, pequeños elefantes grises al costado de un riachuelo debajo de lomas verdes. Me llamó la atención el junco de las playas de Neptunia y el junco de La Payunia. El abismo es lo que todos vemos; la siesta, la hora del sueño y la oración, la hora del recuerdo.

En los caminos tersos de sólo eucaliptus y generadores eólicos, cómodos y sentados en los asientos de nave espacial, hacíamos el record de espera en una frontera viajando a dedo, quince segundos luego de hacer la entrada por la aduana la camioneta de Julio se paró para llevarnos. No sabíamos donde íbamos, optamos por ir con Julio hasta lo más cerca de Montevideo y fue allí donde empezó la tarde serpiente a hilar en el paralelismo del día y la noche. Tambor que suena del animal en el río del frente, donde se oyen suspiros y lamentos, el agua en tierra que se desmorona, salinas aflamencadas en lugares de agua que merma.

Siempre supimos que todas las personas que nos íbamos encontrando en esta nueva tierra eran Elefantes de una u otra manera; incluso los árboles se teñían del color gris de los Elefantes y su inmensidad lo decía todo. Por las noches pasaban cerca de donde dormíamos; sólo escuchábamos el sonido de sus patas pisando las hojas. Recuerdo el nombre oculto (si es que existen algunas palabras). Hoy, casi lejos del árido gredal, recuerdo con el olor al mundo que deja el mar los corrales malargüinos. El desierto y el mar son la misma punta del tiempo, si es que existen algunas palabras, no sea posible descubrirlas así como así no más. En la noche la tormenta nos llovió la fluorescencia de un mar inacabado, las noctílucas se asomaron a tanta flaca infinitud como una poesía de Demetrio Iramain. Recuerdo el nombre de la palabra volver si es que existe ese gesto, esa palabra con sus graves, con su entero círculo de días, de días lentos como cementerios de Elefantes.

2020