Podcast #2: Débora Benacot

En esta segunda edición de podcast de La intemperie, nos acompaña Débora Benacot (Mendoza, 1976).* La autora de los textos actualmente reside en California, Estados Unidos, y desde allí nos envía esta serie de poemas. Los tres primeros no tienen título y pertenecen a la esperatriz(elandamio ediciones, 2018). Las salas velatorias y los albergues transitorios se parecen y Memento son parte de En las fotos todavía corre el viento(Fundíbulo Ediciones, 2017). Finalmente, Consuelo de tontos aparece en Ácaros al sol(Fundíbulo Ediciones, 2011).

En su poesía, los versos cortos despojados de metáfora parecen acercarnos con el zoom a lo trivial del habla, al sermo plebeius de la cotidianidad, instalándolo tranquilamente en el poema. Lenguaje tensado por una influencia clásica -de índole académica, si se quiere- en diálogo constante con una biblioteca de autores en su gran mayoría anglosajones, con la familiaridad de quienes comparten una lengua en común al tiempo que se mecen con la música de Jacques Brel y César Banana Pueyrredón.

Toda mujer está rota hasta que entiende que solamente ella puede arreglarse. Escribe Benacot en un poema sobre Sylvia Plath. A través de su experiencia de escritura la poeta nos ofrece muy a su manera (con ironía, con humor) una tregua de palabras, embrague de los mundos, cierta especie de alimento. Son inocuas las clasificaciones literarias si, pasando los poemas sobre la vida de una autora traspasan a la nuestra, a nuestros propios vínculos. Se  cierra, entonces,  el círculo de la comunicación de una manera,  muy mágica, como afirma la poeta.  Esta poesía es útil, te encuentra porque no es más ni menos que una persona tratando de llegar a otra.

Es una decisión estética el ocupar un rol activo de narradora de la propia historia. Una forma de ejercer la consigna de que lo personal es político (no basta con simplemente enunciarlas  para saber lo que significan estas palabras, si todo estuviese dicho en la superficie de cada una no habría nada que leer en la compleja relación que hay entre ellas) en el seno de la propia crianza, de los propios duelos, en los viejos retratos familiares. Como también en el deseo de desnudar la profunda intimidad del sexo, echando mano al bracero personal de las experiencias vividas y de los propios sentimientos. Tomar una bocanada de aire y meter la cabeza en el pozo de la rutina diaria en búsqueda de alguna pista. Lo autobiográfico puesto a los fines de la construcción del relato, como dice María Moreno. Que  poco tiene que ver con lo anecdótico de un vacío avatar de facebook que, a fin de cuentas, a nadie le importa. Ni con las fantochadas histriónicas, tan rentables y  tan de moda, para justificar la carencia de texto.

Y allí está quizás el rasgo más emancipatorio de esta forma textual: la dialéctica de aquella mujer (niña)sola, al borde de un abismo, con el pelo revuelto disfónica de tanto llorar  y la señora del futuro que llega atontada por el jet lag de un viaje, con muy pocas certezas pero consciente de su propia contradicción.

Acaso la escritura sea ese acto de perforar (performatear, dijo León Rozitchner) la lengua materna (y paterna).

Leé más sobre Débora Benacot, en La escritura como un pircing, crónica de Sabrina Barrego con entrevista de Emilce Herrera Cozzoli: https://laintemperierevista.wordpress.com/2019/01/08/la-escritura-como-un-pircing/

* Ha publicado los libros Ácaros al sol (Fundíbulo Ediciones, 2011), Pirsin (Premio Literario Vendimia, Ediciones Culturales de Mendoza, 2012), Texturas (X Certamen Literario Provincial Eduardo Gregorio 2016), En las fotos todavía corre el viento (Fundíbulo Ediciones, 2017) , La esperatriz (elandamio ediciones, 2018) [poesía] y Escrito en un grano de arroz (2014) [microficciones]. Como integrante de la Cofradía del Cuento Corto (Triple C) ha participado en publicaciones colectivas: Con la literatura no se juega (2013) y Beber para contarla; cosecha tardía (Macedonia Ediciones, 2017). Sus textos han aparecido en revistas nacionales (Serendipia, Poslodocosmo, Maten al mensajero) e internacionales (El Alambique, Duende, Sonora Review) además de diversas antologías. Fue traducida al francés en el marco de Lectures d’ ailleurs y al inglés, por la poeta Margaret Young.